La salud emocional es tan significativa como la salud física, ya que de ella depende la actitud con la que vamos a afrontar la vida.

Así pues, hay las personas felices y las infelices, que se diversifican en la manera de ver la vida. Mientras que las personas felices enfrentan la vida con una a actitud positiva, los infelices son más negativos.

Sonja Lyubomirsky, psicólga de la Universidad de California – Estados Unidos, explica a “Psychology Today”, que el 40% de la capacidad de las personas para hallar la felicidad se localiza en su poder de cambio.

Asimismo, la experta elaboró un artículo en el que indica cuáles son las siete grandes diferencias de actitud entre las personas felices e infelices.

Piensan que la vida es dura

Las personas positivas están al tanto que hay episodios complicados, pero suelen plantarselos con una actitud positiva, sin victimizase de lo sucedido. Al contrario, se hacen responsables de haberse metido en un problema y se concentran en salir airosos de ello. Son constantes. Los infelices se quejan de las cosas que les pasan y se lamentan a tal punto que se detienen ellos y además a su círculo.

Desconfían de todos

Las personas infelices desconfían de quienes los rodean. Piensan que todo el mundo tiene intención de atacarlos o desprestigiarlos. No así las personas felices, se manifiestan abiertos y simpáticos con quienes conocen y desarrollan un sentido de comunidad a su alrededor. Ser así solo les cierra las oportunidades para hacer nuevos amigos.

Se concentran en lo malo y no en lo bueno que puede pasar

Aunque haya muchas cosas buenas en sus vidas, las personas infelices las pasan por alto, centralizándose solo en lo malo. Las personas positivas son conscientes de los problemas que los rodean, pero proporcionan su preocupación con el conocimiento de lo que va bien.

Se comparan con el resto pero solo por envidia

La persona infeliz piensa que el resto lo despoja su suerte y por eso les va mal en la vida. Piensan que no hay suficientes cosas buenas en el mundo para todos, y perenemente cotejan lo suyo con lo de los demás. Eso solo les produce celos y resentimiento. Aunque, las personas positivas creen en posibilidades para todos y no se desaniman pensando que los éxitos de otros limitan sus posibilidades.

Ansían controlar su vida

Las personas felices trabajan para conseguir sus objetivos, en cambio los infelices tienden a gestionar todo, y se derriban cuando las cosas no salen como ellos esperan, pues no están dispuestos para el fracaso. Las personas positivas son capaces de salir airosos si algo no les sale como lo han planeado.

Ven el futuro de una manera incierta que les genera miedo

Motivado a sus pensamientos negativos, no establecen que en el futuro las cosas mejorarán. Por el contrario, las personas positivas poseen una dosis saludable de delirio y sueñan despiertos con lo que les gustaría que pase en su vida.

Por otro lado, los negativos tienen la mente llena de miedos y preocupaciones constantes que les imposibilita soñar. No es que las personas positivas no sientan miedo y preocupación, sino que cuando lo sienten, buscan la forma de enfrentarlo y trabajan para impedir que suceda lo que les preocupa.

Se centran en los problemas y viven del pasado

Las personas infelices no están preparadas de avanzar en la vida y quedan adheridas con los hechos del pasado, donde las dificultades son el mayor tema de conversación. Y cuando se les acaban los problemas, empiezan a hablar de la vida del resto de personas.

En cambio, quienes se manifiestan felices viven de forma plena el presente y sueñan con el futuro. Igualmente, se emocionan cuando algo sale bien, agradecen lo que tienen y sueñan con lo que les pueda deparar la vida.

Fuente: rpp

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