Cuando llega el primer hijo al hogar se producen infinidad de cambios, la pareja se prepara porque sabe que su dinámica no será igual y esto puede traer además de una inmensa alegría, sentimientos de ansiedad hacia lo desconocido… Luego de nacer, con el pasar de los meses los padres van conociendo qué necesita su bebé, al tiempo que comprenden cómo satisfacer lo que requiere de forma más natural, haciéndoles sentir un poco más empoderados… y un día se encuentran con la noticia que viene otro bebé en camino, lo cual puede ocurrir pronto o luego de varios años, de forma planificada o no. Esto implicará ajustes en las rutinas que ya se habían afianzado.

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Ya sabemos qué esperar en el embarazo, aunque cada bebé se comporta diferente desde su proceso de formación y nunca será la misma experiencia. Las madres nos preguntamos cómo se puede querer tanto a otro ser además de ese primogénito(a) que vino a modificar nuestra vida completamente y allí está el secreto, logras admirar a tus hijos con la mayor intensidad, entendiendo que cada uno trae dones y carismas propios de su personalidad, es por eso que puedes amarles a todos tal como son.

 

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La pareja también tiene que evolucionar, continuará ofreciendo protección a sus hijos y esto debería hacerlo sin menoscabar su relación o tratando de generar el menor impacto, porque a fin de cuentas el estar unidos es lo que les permitió formar esa familia, entiendo que no es tarea fácil en especial en el período de infancia de los hijos.

Además, se incorporan algunas modificaciones en la estructura que habían logrado establecer y el hijo mayor, no importa la edad que tenga, dependiendo de su preparación para la llegada de su hermanito(a), puede sentir un vacío al no ser ya el centro de atracción de todos y en especial con su madre, que tiene que compartir su tiempo con ese frágil bebé que viene llegando y demandará mucha dedicación.

Lo importante es que ese primer hijo se haga parte del recibimiento, inclusive haciendo alusión a eso específicamente, que al ser el mayor podrá ayudar a sus padres a cuidar a ese nuevo integrante, con quien podrá jugar en la medida en que vaya creciendo y pueda hacerlo, que es un compañero, sobre todo un amigo para compartir, también recordando como padres no añadirle cargas o responsabilidades que no le corresponden por su rol, en caso que su edad implique ya el período de la adolescencia.

La figura de hermano mayor puede manejarse desde el embarazo, siendo mamá y papá los guías en ese acercamiento, estando conscientes que los celos van a aparecer, pero logran ser canalizados cuando como familia tratamos de conocer y satisfacer las necesidades de todos desde la empatía. Y en el caso que ese nuevo hermano no comparta el mismo padre o madre y sea el fruto de una nueva relación, el apoyo para ese hijo de mayor edad es fundamental, siendo la base de la relación que se establecerá entre esos hermanos.

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Si bien se generan nuevas expectativas cuando aumenta la familia, las vivencias con nuestros hijos tanto las más felices como las que implican dificultad nos nutren y permiten identificar habilidades que probablemente desconocíamos que teníamos o afloran nuevas, que nos permiten educarles a través de la comunicación y el ejemplo, con la garantía que siempre podemos mejorar y activar nuevas competencias, cambiar conductas o estilos que nos acerquen más a una crianza en positivo.

Ivory García

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