Desde que nace un niño (o niña), y sobre todo cuando este es un bebé, los padres se avocan a su cuidado diario y nocturno, procurando su desarrollo saludable y protegido.

Pero pasa el tiempo, ese hijo va creciendo y ciertos hábitos deberían comenzar a modificarse en función de su mayor edad, evolución y capacidad. Uno de ellos está relacionado con el momento de dormir, causa muy probable de conflicto familiar: ¿debe el niño dormir solo o acompañado de sus padres?.

“Hay que valorar dos factores: la satisfacción emocional de los niños, la búsqueda de la independencia y autonomía, y la facilidad o dificultad que pueda tener un padre para separarse de su hijo”, comienza por aclarar la psicóloga y profesora de la Universidad Católica Andrés Bello, Alicia Núñez.

“Generalmente los niños pasan un largo periodo de dependencia física y emocional de sus padres, sobre todo de su mamá. Este periodo también puede ser prolongado dependiendo del temperamento del niño: hay unos que temperamentalmente necesitan más protección, por más tiempo, y otros niños que no porque alcanzan la independencia rápidamente”, explica la especialista

“Estos últimos son niños que se sacian con el amor y el afecto que les dan sus padres y tienen un camino a la independencia más rápido, a diferencia de otros que no se sacian con facilidad sino que pasan un tiempo más prolongado (de apego hacia sus progenitores). El hecho de dormir en la cama (solos) depende de esa saciedad”, dice mas adelante.

mujer durmiendo con hijo grande

Sin embargo, Núñez resalta que la independencia de los niños para lograr dormir solos muchas veces está condicionada por otro factor: “También hay la dificultad de algunos padres. Esos padres dependientes, a los que les cuesta afrontar una vida adulta y se vuelven dependientes emocionalmente de sus hijos”, advierte.

Patrones culturales diferentes

“Cada padre tiene su manera de criar y tiene su propio criterio”, define la psicóloga Alicia Núñez. En lo relacionado con el momento de dormir de su hijo, los padres hacen o no lo que se llama “colecho”.

Como ‘colecho’ se entiende dormir con los hijos. Comprende una variedad de maneras para propiciar tal acción: Desde dormir en la misma cama con los padres, o tener una cuna especialmente diseñada para ir adosada a la cama familiar, o usar una cuna convencional sin uno de los lados y adosarla a la cama donde duermen los padres o también en lugar de una cuna se pone otra cama individual adosada a la cama mayor.

cuna para colecho

“El colecho implica que los bebés cuando están pequeños requieren el cuerpo de otra persona, sean su papá, su mamá o un cuidador para regular sus funciones básicas. El sistema respiratorio, el sistema circulatorio, la temperatura, todo eso se regula con mayor facilidad si el bebé está cerca del cuerpo de su madre, o de su padre o de un cuidador”, dice la especialista. Por cierto, en función de esta reacción, recordó que esa es la misma terapia, llamada “método kanguro”, que se usa para los bebés prematuros.

Pero destaca que también está el aspecto psicológico de los bebés. “En esos primeros meses ellos necesitan la seguridad que les da el cuerpo materno o del cuerpo de algún cuidador. Eso les da protección y facilita una independencia real, no ficticia”. Sobre esta última menciona que es el patrón de conducta más propio de la cultura anglosajona, con el típico desapego hacia sus hijos desde que nacen, asumiendo los padres que tienen una vida independiente de la de ellos.

Desapego e independencia dependen de la cultura imperante

La psicóloga profundiza en este asunto y aclara que cada familia actúa según sus características.

“Eso depende de la cultura. Y como la cultura anglosajona es dominante en el mundo, sus costumbres se han popularizado. Una de esas costumbres es que los bebés duerman en su cuna en otra habitación, pero esa es de ellos, y muchas veces entra en conflicto con otra forma de ser diferente del venezolano que tiende a ser más afectuoso”, comenta.

“Nuestra cultura (venezolana) tiende al apego. Pero los padres encuentran que, por ejemplo, los libros de origen anglosajón dicen que ‘tienen que dejar al bebé en la cuna y en otra habitación’; esto entra en conflicto con la crianza propia, cuando su propia madre le permitía incluso ir a su cama las noches cuando sentía miedo”, analiza Núñez.

mujer durmiendo con su bebé 2

“Desde el punto de vista de la psicología actual, que es multicultural, el apego es positivo en las primeras fases del desarrollo. En términos generales ya los niños a partir de los 3 o 4 años comienzan a buscar su independencia. Los padres pueden facilitar el proceso, haciendo por ejemplo un tipo de habitación llamada ‘Montessori’”, dice la profesora de la UCAB.

Maria Montessori fue una educadora, pedagoga, médica, psiquiatra, filósofa, antropóloga, bióloga, psicóloga, entre otras cosas. Firme defensora del aprendizaje desde el punto de vista del bebé, dio especial importancia a la creación de espacios que permitieran, ante todo, la libertad de movimiento con la finalidad de potenciar su desarrollo físico, cognitivo y el desarrollo de su independencia.

cuarto montessori

Específicamente, señaló que la habitación del bebé debe ser un ambiente hermoso, sencillo y ordenado, con poca decoración, muy accesible y tonos claros para no abrumar las percepciones sensoriales del niño. En cuanto a la cama, indicaba que lo ideal era que esté a nivel del suelo de forma que el bebé pueda entrar y salir por sí solo tan pronto como esté listo para gatear y sin necesidad de llorar o gritar para pedir ayuda. Las típicas cunas con barrotes no permiten la adquisición de este nivel de independencia y más bien inhiben la capacidad de experimentar, explorar y aprender de los niños.

“Sin embargo, también existe esa otra postura anglosajona y más tradicional también, con el método ‘Estivill’ (El Método del Doctor Eduard Estivill), la cual deja llorar al bebé el tiempo que sea necesario para que se acostumbre a estar en la cuna”, explica la psicóloga Alicia Núñez.

bebé llorando en su cuna

Pero, sobre esto refiere que hay investigaciones que confirman consecuencias negativas.

“Investigaciones en neurociencia han encontrado que en los niños el estrés que les genera llorar sin ser atendido, llorar sin ser consolados, ese estrés provoca un menor desarrollo, un desarrollo más lento a nivel cerebral”, afirma la especialista.

De todos modos, admite que a veces no son los propios padres sino las circunstancias las que presionan la separación de padres y bebés. Toma como ejemplo el caso de los progenitores que deciden, o se ven obligados, a dejar a su hijo de meses de nacido en una guardería. “Cuando los bebés entran a los 4 meses a las guarderías, esos bebés sí están carenciados (de afecto), sobre todo si tampoco hay ‘colecho’. Es decir, si no hay crianza durante el día, y, tampoco hay ‘colecho’, esos niños lo que hacen es extrañar a su mamá, produciéndose una ausencia muy importante de la figura materna durante los primeros años. Pero si la mamá trabaja y en la noche está muy cercana a su hijo, el bebé al menos en la noche sacia esa necesidad afectiva”, observó la psicóloga.

Sea como sea, nos señala que lo que es indudable en todas las culturas es que con el tiempo los niños desarrollen su independencia de los padres. “Un niño no va a llegar a los 15 años durmiendo  con el papá y con la mamá. Eso sí es patológico”, acotó. Agregó que tampoco hay que caer en los excesos, es decir, “ni sobreproteger a los niños, ni sobre complacerlos, ni transmitirles los miedos de los padres. “Ahí hay que revisar, primero cuáles son los temores de los padres, si es miedo a ser adultos, miedo a despegarse de los hijos”.

Agradecimiento:

Alicia Núñez, psicóloga. Profesora de la Universidad Católica Andrés Bello

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Fuentes: crianzanatural.com y mmontessori2013.blogspot.com

 

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