“Tengo ganas de estallar”… “Quiero como matar a alguien”… “No me hables porque no respondo”… “Nunca saldré de esto”…

Ahora las lees tranquilamente, pero, ¿cuántas veces las has pronunciado, pensado, sentido, en tu vida?. ¿Y hoy mismo?.

Cuando el ser humano se encuentra ante una situación adversa a sus propósitos, limitante a lo que está acostumbrado o que le genera presión, suele reaccionar expresando rabia, frustración y hasta miedo. Su seguridad y tranquilidad se ven vulneradas, provocando en él una serie de reacciones conductuales y, a partir de ellas, consecuencias de todo tipo.

“Las emociones se establecen con base a respuestas que vamos dando por los estímulos externos que tenemos. Las emociones son universales y no todo el mundo reacciona de la misma manera ante una situación determinada”, determina en primer lugar Stefania Aguzzi, Psicólogo Clínico.

“Hay personas que manejan mucho mejor las emociones porque tienen algo que en psicología desde hace algunos años se ha denominado inteligencia emocional”, dice a continuación.

máscaras con diferentes emociones

La inteligencia emocional es un concepto definido por el psicólogo John D. Mayer quien refiere “una habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones y la de los demás promoviendo un crecimiento emocional e intelectual, el cual utiliza esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento”.

Por su parte, Daniel Goleman en su libro ‘Inteligencia Emocional’ precisa que una persona es inteligente emocionalmente cuando:

1-  Es consciente de sus emociones que la asaltan

2- Cuando puede elegir sus emociones de modo conveniente

Goleman añade que la capacidad de motivarse a uno mismo sería un muy buen ejemplo para lograr una estabilidad emocional plena.

“La inteligencia emocional es la manera adecuada de canalizar mis emociones. Esto dicho de manera muy sencilla”, menciona por su lado la psicólogo Clínico de la UCV, Stefania Aguzzi.

Explica la experta que hay que tener muy presente que las respuestas emocionales del ser humano también involucran reacciones fisiológicas que pueden afectar severamente la salud de su organismo. “De ahí entonces la necesidad de empezar a ver las cosas en positivo”, subraya.

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Cuando aprendí cómo sentir

“En buena parte las manifestaciones de nuestras emociones son aprendidas de nuestro núcleo familiar primario”, explica Aguzzi. “Si yo tuve una madre dramática y un padre sobreprotector a lo mejor mis reacciones emocionales serán muy afectivas. Si tuve una mamá y un papá mucho más tranquilos, mis reacciones emocionales las lograré identificar y probablemente no serán dramáticas”, analiza.

“Todo tiene que ver con el manejo que yo haga de un modelo que yo tuve en la infancia, porque de niños aprendemos a través de la imitación. Si yo soy una persona dramática tendré grandes posibilidades de que mis hijos imiten ese patrón y también ellos lo sean. ¡Qué gran responsabilidad entonces tenemos los padres siempre ante los hijos”, destaca la también Vice Presidenta del Observatorio Venezolano de Infancia y Adolescencia (OVIAD).

hombre gritando a mujer con megáfono

Añade que también las reacciones sociales son aprendidas. “Aprendemos lo que vemos diariamente por los medios de comunicación. Estamos bombardeados por una serie de modelos y en muchas ocasiones escogemos el más negativo. ¿Por qué? Porque es el más sencillo. Para muchos es más sencillo pararse, gritar y maldecir que tomar un minuto de conciencia y preguntarse qué otra respuesta puedo dar que no sea dañina para el otro ni tampoco para mí”, explica la especialista.

“¡Otra vez lo mismo! ¡Quiero golpear a alguien! ¡Quiero estallar!”

La psicólogo clínico comienza a plantear que si bien una persona puede estar viviendo en un momento determinado una situación que realmente le molesta y le genera mucha frustración, esa experiencia externa puede ser manejada a partir del dominio interno que el sujeto haga de sus emociones.

 “No puedo cambiar la situación porque no me pertenece, no está en mis manos. Lo que sí puedo cambiar es cómo yo reacciono ante ella”, resalta Stefania Aguzzi.

elegir emociones

Pone como ejemplo el caso de que una persona de pronto se vea obligada constantemente a hacer cola para comprar una cantidad racionada de alimentos para garantizar su comida básica de cada día.

“Yo no soy responsable de que existan colas para comprar comida, pero sí soy responsable de cómo hago la cola para comprar la comida. Si yo me lleno de rabia, de ira porque estoy haciendo la cola, al final de las 3 o 4 horas que yo tengo que estar parada si no me ha dado un infarto es porque definitivamente mi sistema circulatorio es muy bueno”, alerta la galeno.

hombre grita con ira

“¿Entonces yo me tengo que adaptar y ser un ser sumiso ante todas las cosas que me vengan en la vida? No, para nada. Lo que sí puedes es ser asertivo en la situación”, aclara. “Entonces, en esas tres horas de cola yo puedo tratar de hacer algo que sea agradable para mí: si es leer un libro pues me llevo un libro y lo leo; si me gusta escuchar música me llevo el teléfono con unos audífonos y escucho música; si me encanta conversar con la gente lo hago, pero tengo que evitar temas que sean álgidos, porque lamentablemente las reacciones que los otros tienen también van a influenciar en mis emociones”, señala la terapeuta emocional.

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“Yo no me puedo convertir en un ser asocial, ni me puedo convertir en un ser que no tenga reacciones emotivas que sean cónsonas con lo que me sucede. Pero tengo que cuidarme. Y nadie me va a cuidar más que yo”, reitera, con interés en destacar las consecuencias fisiológicas que la ira, la ansiedad, entre otras emociones provocan en la persona que las sienten.

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“Si yo sé que hoy es un día que me toca levantarme para hacer la cola y comprar los alimentos, entonces tengo que buscar los mecanismos efectivos y positivos que me van a acompañar a mí para que ese momento no me sea tan desagradable”, concreta.

¡Yo sí puedo cambiar mis emociones!

Hacer un trabajo de reeducación emocional por sí mismo, o buscar ayuda con un especialista en el área terapéutica, dependerá de lo compleja o riesgosa emocionalidad que se tenga. “Si por ejemplo son ataques de ira, o de pánico, evidentemente va a necesitar ayuda de un profesional. Pero si se trata de una persona que de manera consciente hace introspección y comienza a darse cuenta de cómo los demás reaccionan ante las respuestas que reciben de ella, entonces esa persona sola puede comenzar a hacer los cambios”, aclara la especialista.

“Los cambios tienen que ir en beneficio de lo que siente la persona, de que se sienta bien. Eso no implica que pueda dar gritos porque asegura que ‘así se siente fabuloso’. ¿Y cómo queda su desgaste físico?, ¿Cómo queda su desgaste emocional?, ¿Y cómo queda el desgaste emocional de los demás?. Cuando pegas gritos ‘alejas los corazones’. La gente no se te acerca, porque empieza a tenerte miedo, pero no es el miedo de ‘me va a pegar’. Es el miedo de la empatía emocional. Reitero ‘los gritos alejan los corazones’. Yo no quiero a nadie cerca de mí que me grite. Yo quiero a alguien que me escuche y que su respuesta no sean gritos”, analiza y orienta la terapeuta familiar.

ruptura-de-pareja-a-tu-salud

“No se trata de darse cuenta de ‘qué estoy haciendo mal’, sino de ‘¿qué estoy haciendo?’. Porque puedo estar haciendo muchas cosas buenas y algunas otras que son las que alejan a las personas”, aprecia también.

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¡Yo sí puedo mejorar mi actitud!

A partir de la observación de su entorno y su experiencia terapéutica, la psicólogo clínico de la Universidad Central de Venezuela nos presenta las siguientes recomendaciones para comenzar a encauzar de mejor manera las emociones que no son buenas para mi vida.

1- Pregúntate, indaga cómo están llegando tus reacciones a los demás. “Quizás yo pienso que estoy muy calmada y no es exactamente así como realmente estoy”.

2- Decide darte un tiempo para estar contigo mismo. “Bien sea para realizar una actividad deportiva, bien sea para realizar una actividad de esparcimiento, o tiempo para realizar ambas. Las personas necesitan entre 1 hora y 1 hora y media diaria para hacer realmente lo que les complace”.

“Pero tampoco hay que irse a los extremos”, aclara Aguzzi al señalar que los excesos son tan perjudiciales como las inexistencias. Por ejemplo, “no se puede comer chocolate durante una hora porque eso es lo que complace. Imagina las repercusiones que eso después nos traería”, dice.

3- Comienza a tomar conciencia de lo que sientes, cuándo lo sientes, cómo evitarlo. “No me refiero solamente a las emociones sino también a las respuestas fisiológicas. Cuando se me acelera el corazón, cuando comienzo a sudar frío, cuando siento que me estoy mareando, cuando los ruidos externos comienzan a molestarme. Esas son señales y no las puedo obviar. No puedo hacerme sorda ante mis propias señales”, resalta.

comunicación emocional

4- Retoma la comunicación afectiva, sencilla, en confianza, con tus seres queridos. “Habla con tu familia, diles lo bien que te ha ido hoy. Empecemos por lo positivo. Rompamos el círculo de negatividad y empecemos a decir lo bien que nos fue. Porque cuando comenzamos con la conducta de queja, a lo mejor las únicas cosas buenas que nos han sucedido ni las nombramos”, reflexiona.

Agradecimiento:

Entrevista a Stefania Aguzzi, Psicólogo Clínico, Magister en Psicología Clínica, Terapeuta de crecimiento personal y familiar, Conferencista.  Vice Presidenta OVIAD (Observatorio Venezolano de Infancia y Adolescencia)

Fuente: Aplicación y desarrollo de la inteligencia emocional en el Coaching. Luis Otero, Directror at Centro Medico San Rafael, Perú

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