La naturaleza suministra de todo para la buena salud: dentro de los tratamientos naturales contra el cáncer, ciertas semillas parecen ser de ayuda y tener compuestos que actúan como anticancerígeno y con la gran ventaja de no tener efectos secundarios negativos. Si bien estas alternativas naturales no prevendrán en un 100 % el cáncer, se cree reducirán en gran medida el riesgo de desarrollarlo. A la hora de prevenir, cualquier medida natural que esté a nuestro alcance será bienvenida.

Las iniciativas naturales tiene el objetivo principal de reducir las posibilidades de sufrir algún cáncer, debido a que aportan nutrientes y antioxidantes, fortalecen las defensas del organismo y, en algunos casos, ayudan a paralizar el crecimiento de las células malignas.

Entre estas alternativas se han incluido las semillas de manzana: sí, las pequeñas pipas del corazón de las manzanas están catalogadas por muchos expertos como uno de los anticancerígenos naturales más potentes.

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Aunque a muchas multinacionales farmaceúticas no los convenga, y se conserve en secreto, existiría evidencia de que las semillas de manzana (en especial, la verde) impedirían el crecimiento de células malignas de diferentes tipos de cáncer: colon, mama, estómago, pulmones, entre otros. Los compuestos fitoquímicos específicos de estas semillas serían los responsables de esta acción, y con la ventaja de no comprometer las células sanas ni de poseer efectos secundarios.

Aunque es cierto que esta variedad contiene una cantidad mínima de cianuro, solo podrían ser letales si se suministran en dosis demasiado altas (se habla de unas 50 semillas). De todas formas, posiblemente desees investigarlo o consultarlo con tu médico de confianza.

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Las semillas de uva, por su parte, son ricas en antioxidantes, bioflavonoides y en un compuesto activo que recibe el nombre de B2G2, cuya acción en el organismo del mismo modo podría combatir las células malignas. Según se cree, este compuesto dañaría el ambiente que el cáncer requiere para proliferar, alterando el ADN de las células malignas a través del aumento de las especies de oxígeno reactivas.

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Finalmente, las semillas de lino: gracias a su aporte de lignanos, estas semillas igualmente se incluyen en la lista de anticancerígenos. Se ha podido demostrar que juegan un rol importante en la prevención y tratamiento del cáncer de mama, además de que actúan como fitoestrógenos.

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Estas semillas, que se han hecho más populares hace algunos años, poseen el poder de promover la apoptosis de las células tumorosas y al mismo tiempo inhabilita la angiogénesis, lo que podría ayudar a evitar la metástasis, es decir, la proliferación de las células malignas. Conjuntamente, son una fuente significativa de ácido alfa-linoleico, un tipo de ácido graso esencial omega 3 que actuaría contra el cáncer y otras enfermedades crónicas.

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Fuente: Nosotras

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