El calor puede causar deshidratación y agotamiento del mecanismo natural del sudor, regulador natural de la temperatura corporal. Los resultados pueden ser el agotamiento por calor o, incluso, el golpe de calor. Los bebés y niños pequeños dependen de la ayuda de los adultos para las reacciones preventivas naturales: desabrigarse, buscar lugares frescos y ventilados además de beber más agua.

“En general, la gente conoce los síntomas del golpe de calor, que es un padecimiento extremo dentro del abanico de efectos que produce la exposición a altas temperaturas. Pero los que no están tan claros son los síntomas que lo anteceden, que muchas veces no son debidamente interpretados. Es lo que se llama ‘agotamiento por calor’”, expone Mario Polacov, responsable del comité de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría filial Córdoba (SAP).

Polacov indica que el golpe de calor no llega abruptamente, sino que es la consecuencia final de un proceso. “Por ejemplo, en los bebés es muy frecuente la consulta por ‘sudaminas’, que es la dermatitis por calor (una erupción más o menos extendida de puntos rojos), y aunque muchas veces se presume su relación con el clima caluroso, no siempre se la considera un signo de alerta que debe atenderse para evitar que el cuadro se agrave y complique”, añade.

El pediatra apunta que los bebés pueden estar más irritables, rechazar alimentos o dormir más; son señales que no se deben pasar por alto porque si los síntomas avanzan, ocurrirán complicaciones de riesgo.

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Según la edad

Los niños mayores suelen consultar por dolor de cabeza, fiebre, náuseas o vómitos, mareos e hipotensión arterial. Es habitual ver que en verano los chicos están más decaídos y desganados; todas estas son alarmas a través de las cuales el cuerpo “habla” llamándonos a actuar.

Por ello es bueno transmitir la idea de que el calor orina problemas de salud que pueden ir de un cuadro leve a una gravedad manifiesta si no se toman las medidas de hidratación y cuidados precisos para frenar el curso del proceso.

Los síntomas de agotamiento por calor se dividen entre los aparentes y los que el niño más grande puede revelar. Entre los primeros, están la sudoración excesiva, piel pálida y fresca y muy irritada por el sudor en el cuello, axilas, pliegues del codo y la zona del pañal; irritabilidad (expresada por ejemplo a través del llanto inconsolable entre los más chicos), mareos o desmayos. Entre los segundos, el niño puede expresar tener sensación de calor sofocante, sed intensa y sequedad en la boca, calambres musculares, agotamiento, cansancio o debilidad, dolores de estómago, inapetencia, náuseas o vómitos y dolores de cabeza.

Ante este cuadro, la SAP exhorta brindar al chico agua fresca (también agua con media cucharita de sal por litro), ofrecer con más asiduidad el pecho a los lactantes, trasladar al pequeño a un lugar fresco y ventilado (si es posible con aire acondicionado frío), desvestirlo, ducharlo o mojarlo en todo el cuerpo con agua fresca, aquietarlo y ponerlo a descansar y en el instante disponible, consultar al pediatra o a un centro de salud.

Los síntomas del golpe de calor, en tanto, contienen una temperatura del cuerpo de 39 grados o mayor (medida en la axila), piel roja caliente y seca (se agota la transpiración), agitación, delirios, confusión o pérdida de conocimiento y convulsiones. Cuando puede expresarse, el niño puede manifestar dolor palpitante de cabeza. Ante esto, es preciso actuar con urgencia y llamar inmediatamente a un servicio de emergencia o ir hasta el centro de salud más cercano.

 Mientras tanto, enfriarlo: nuevamente el consejo es llevarlo a un lugar fresco con aire acondicionado, pero también es posible quitándole la ropa y mojándolo con agua fría en todo el cuerpo y, en caso de que esté consciente, dándole líquidos. No hay que administrar medicamentos antifebriles, que además de no ser útiles pueden empeorar su estado.

Alimentación, clave

Para prevenir estos cuadros, del mismo modo es clave cuidar la hidratación y la alimentación, advierte la SAP. Para ello, hay que dar a los niños agua o jugos naturales continuamente, sin esperar a que los pidan, no darles bebidas con cafeína o azúcar en exceso y no ofrecerles líquidos o comidas calientes o pesadas. Se propone evitar las bebidas muy frías, porque causan dolor de estómago y quitan el deseo de comer y beber.

Cuando hace mucho calor, los niños deben realizar actividades
tranquilas y es preciso que estén vestidos con prendas livianas y sueltas. Nunca hay que dejarlos en el auto.

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Fuente: Lavoz

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