La ciencia sigue almacenando pruebas de que la forma en cómo pensamos y vivimos la vida, tiene una influencia directa en la salud. “Cuando empezamos a tratar enfermedades crónicas como las cardiovasculares, diabetes o cáncer, vemos cada vez más evidencias de que la manera en que vivimos nuestra vida y, de hecho, cómo pensamos y sentimos a lo largo de ella pueden intervenir sobre las clases de enfermedades que contraemos”, ratifica el doctor Juan Martín Romano, especialista en nutrición e instructor de mindfulness.

Una reciente investigación estadounidense concluyó que “los individuos que muestran los mayores niveles de optimismo tienen dos veces más posibilidades de encontrarse en un estado cardiovascular ideal que aquellos más pesimistas”.

El estudio, que fue ejecutado por la Universidad de Illinois para lo que analizó el vínculo entre optimismo y salud cardíaca en más de 5.100 adultos de entre 45 y 84 años, recalca además que esta asociación se conservó cuando los expertos emplearon los elementos correctores atribuibles a las diferencias de edad y estatus socioeconómico.

Los investigadores se valieron de siete patrones para medir la salud cardiovascular de los sujetos:

  • Presión sanguínea;
  • Índice de masa corporal;
  • Niveles de colesterol;
  • Niveles de glucosa;
  • Dieta;
  • Actividad física;
  • Consumo de tabaco.

Posteriormente cruzaron estos datos con los niveles de salud mental, optimismo y bienestar físico que decían tener estos individuos. Los resultados no dejaron lugar a la duda: los más positivos y animosos eran los que poseían los corazones más fuertes, y además mostraban mejores niveles de colesterol.

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OPTIMISTA

“Nuestra salud no sólo se encuentra determinada por nuestra alimentación, el ejercicio físico que hemos hecho y nuestros genes: es también el agregado de todos nuestros pensamientos y emociones (nuestro cuerpo no puede dejar de registrar todos nuestros estados mentales y reprogramar su funcionamiento a partir de ellos)”, agrega Romano.

¿Se puede ser optimista o es algo innato?

Según el psiquiatra español (nacionalizado estadounidense) e investigador Luis Rojas Marcos “el optimismo puede ser innato o aprendido”, y que se puede lograr “con entrenamiento”. En su libro “La fuerza del optimismo”, Rojas Marcos, quien además es profesor, habla, inclusive, de sociedades o épocas históricas más optimistas que otras. De hecho, que nazcamos con una predisposición a ver “el vaso medio lleno” no quiere decir que al crecer en un ambiente negativo la conservemos. Lo mismo ocurre con los fatalistas natos, que son capaces de desarrollar un temperamento optimista si viven en un ambiente propicio. Aprender a sentir y pensar en positivo es una inversión sumamente rentable para enfrentarse a la adversidad y ser felices.

“Los humanos tenemos la opción de aprender a gobernar nuestra mente. De otro modo, pensamientos del estilo ‘está todo perdido’ o de frustración o de odio, pueden ser la semilla de una enfermedad”, añade Romano y cierra: “Esto nos obliga a tomar responsabilidad por lo que ocurre en nuestra mente en cada momento. Ya nos los advertía el mismo Ghandi: ‘Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino'”.

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Fuente: clarin

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