En el 2008 equipo de científicos aseveró que los petisos son más celosos que los altos. En mayo de 2011 un grupo de investigadores de la Universidad de Utah evidenció que las mujeres se sienten más atraídas por los hombres altos. En agosto de 2014, un estudio de la Universidad de Nueva York afirmó que los bajos son más estables en las relaciones. El año pasado, un monitoreo elaborado por Universidad Chapman, en California, estableció que las personas altas tienen más sexo que las bajas. Y esta es la última noticia respecto del amor y la estatura: los genes dirigen nuestra atracción y nos influyen para elegir parejas de nuestra misma altura.

Un grupo de científicos de la Universidad de Edimburgo examinó el genotipo de más de 13.000 parejas heterosexuales y de origen caucásico del Reino Unido. Los investigadores estudiaron las condiciones físicas individuales en proporción con la elección de pareja y el papel que juega la variación genética subyacente. La conclusión fue que hay una correlación entre la propia altura y la composición genética, y que estas correlaciones indican que el genotipo establece no sólo el fenotipo de la apariencia física, sino además la preferencia por un compañero con una apariencia particular: altos con altos, bajos con bajos.

Albert Tenesa, director del equipo, expuso: “Nuestros genes dirigen nuestra atracción por parejas con una altura similar a la nuestra; por ejemplo, las personas altas se emparejan con altas. Hemos observado que se comparte el 89% de la variación genética que afecta a las preferencias individuales de altura, lo que indica que hay una preferencia innata por parejas de talla similar”. El científico añadió que “los genes pueden servir para predecir la altura de la pareja, con una precisión del 13%. La similitud en altura está marcada, sobre todo, por la apariencia física de la pareja. Y, específicamente, por su altura (y no tanto por la estructura social o genética de la población en la que vivimos”.

Lee: Parejas tóxicas: ¿Cómo salir del círculo vicioso?

No obstante, sobran ejemplos que demuestran lo contrario. El ex presidente de Francia Nicolás Sarkozy mide un metro sesenta y cinco y se casó con la modelo Carla Bruni, que mide diez centímetros más que él. El actor Tom Cruise apenas llega al metro setenta. Sus parejas fueron: la actriz Nicole Kidman –metro ochenta– y Katie Holmes –un metros setenta y cinco–. Cruise la pegó con Penélope Cruz, que está dos centímetros por debajo suyo.

“Históricamente el hombre ha tratado de hallar explicaciones científicas a cuestiones tan complejas como el desarrollo integral de un hombre o de una mujer, o las razones por las cuales se escoge una pareja. Los hallazgos en ese sentido han sido muy controversiales y no han permitido encontrar conclusiones reproducibles”, expresa Silvia Ávila, médica genetista e integrante de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Genética (SAG).

Para Ávila el trabajo exceptúa respuestas a preguntas tan sencillas como cuál es el sesgo de tomar muestras de un biobanco o esquivan las cuestiones referidas al entorno social de cada individuo, así como la percepción de belleza de cada grupo social. Continúa Avila: “Las conclusiones son controversiales. La talla no está determinada solamente por los genes sino también por el entorno ambiental. Un ejemplo muy sencillo para graficar esto sería el caso de un niño con muchos genes favorecedores de talla alta que, sin embargo, por sufrir situaciones de carencia alimentaria, no llegará a desarrollar el potencial genético esperable por su carga genética. En este caso, ¿Qué pareja elegiría cuando fuera adulto? ¿La que tuviera una talla similar a la suya? ¿La que tuviera genes similares a los propios? El trabajo se centra en una explicación reduccionista de la elección de la pareja”.

También puedes consultar: Conoce los hábitos de las parejas felices

Fuente: clarin

Comenta y se parte de nuestra comunidad