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Muchas veces intentamos con todas nuestras fuerzas desalojar los pensamientos negativos, pero si nos angustiamos con ello este enfoque puede ser inclusive contraproducente y podría empeorar las cosas. Y es entonces cuando sucede una especie de ley de Murphy: cuanto más piensas o deseas que ocurra una cosa, ocurre lo contrario.

Más que concentrarnos en descartar esos malos pensamientos, hay que regular la intensidad de nuestras emociones.

Es imposible sacar de nuestra mente todo lo malo y transformarlo en algo bueno. Una persona que está depresiva no puede de la noche a la mañana estar feliz, o aquel que posee odio hacia alguien, no puede de repente amarlo.  Si nos sentimos mal porque estamos enfadados, debemos sentir esas emociones y no pretender usar nuestros pensamientos para que desaparezcan y reemplazarlas por las opuestas. Eso sería un autoengaño.

Lo que sí es recomendable que hagamos es manejar el pensamiento para regular la intensidad de las emociones. Por ejemplo, en lugar de sentir una tristeza inmensa que nos hace estar depresivos, no querer salir de casa, ni levantarnos de la cama, podemos regular esa tristeza y hacerla más pequeña para que el bloqueo no sea tan grande, ni chocante.

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Para mantener los pensamientos positivos debemos:
Ser conscientes de lo que nos  pasa

Hay que descubrir lo que pasa por nuestra mente cada vez que reaccionamos de un modo exagerado, en lugar de dejar que un pensamiento automático, e inconsciente, decida por nosotros. El pensamiento se produce automáticamente y se asocia a unos esquemas erróneos que debemos cambiar para hacerlos más realistas y sanos.

Descubrir ¿Por qué estamos así?

Debemos cuestionarnos más con preguntas del tipo: ¿qué pensamientos me han llevado a sentir esto? Revelaremos que esas emociones y comportamientos son los indicadores de que no estamos utilizando un pensamiento apropiado y constructivo.

Cuando ya sepamos cómo nuestro pensamiento nos ha llevado a sentir esa emoción exagerada o a tener un mal comportamiento, entonces ahí debemos cuestionar nuestro pensamiento: ¿estoy actuando de forma exagerada? ¿Qué errores estoy cometiendo en mis pensamientos? Son preguntas que colocan en duda nuestros pensamientos para no creernos lo primero que llegue a nuestra mente y de esta forma podamos razonar más las cosas.

Enumerar todo aquello que vale la pena en tu vida

Igual que el cuerpo, la mente igualmente hay que entrenarla para que se concentre en todo lo bueno que pasa a nuestro alrededor.

Haz una lista con todo por lo que estás agradecida, inclusive aquellos pequeños detalles. Esto nos ayudará a darnos cuenta de que somos más afortunados de lo que creemos y que nos queda aún mucho por conseguir.

Cambiar el foco

Esto se resume en esta frase: ser positivo en un mundo negativo. Si bien estemos pasando por un mal momento, debemos cambiar nuestra actitud ante las cosas y ser todo lo positivo que podamos.

Por ejemplo, en lugar de decir estoy en un instante difícil y no levanto cabeza, por qué no cambiar el enfoque negativo y transformamos nuestras palabras en positivas: estoy afrontando algunos retos, pero buscando soluciones. Ese pequeño cambio puede suponer una gran diferencia en tus patrones de pensamiento.

Además, hacer deporte, mejorar la autoimagen y mantenerse siempre ocupado para lograr poner la mente en positivo.

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Fuente: eldiariony

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