La capacidad de imaginar es una condición única del hombre y por esa razón es que existen el arte, el lenguaje, la capacidad de personificar. Pero, a su vez, la imaginación puede ser origen de diferentes perturbaciones y sufrimientos.

Diversas personas viven atormentadas en silencio porque con asiduidad suelen imaginar y pensar finales trágicos tanto para sí mismos como para sus seres queridos, contextos que casi nunca suceden en la realidad.

Algunos ejemplos: una mancha en la piel probablemente es un cáncer, caerá el avión donde viaja un familiar, si un hijo retrasa su regreso de una salida nocturna es porque fue atacado y herido, un chico será pisado por un auto o violentado si no se lo cuida bien, etcétera.

Una condición de los pensamientos catastróficos es que poseen una convicción incuestionable.

Es decir, si teme y piensa con periodicidad que pasará algo malo, lo creerá con toda certeza y si bien luego nada ocurra, ese tipo de pensamiento volverá a florecer en otro instante. Sin embargo, aunque desde el punto de vista lógico se lo pueda reconocer como imposible o hasta ilógico, el pensamiento catastrófico impera, no se puede dejar de conjeturar escenarios dramáticos que podrían suceder y durante la noche estos pensamientos suelen progresar y reproducirse.

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Por otra parte, en la medida en que los pensamientos resultan subjetivamente más posibles y creíbles, ocurre un fenómeno conocido en psicología como posibilidad subjetiva, según el cual, el poseer una imagen mental habitual en la conciencia, hace que el hecho concebido por esa imagen sea más fidedigno y más posible que suceda.

A su vez, se origina un círculo vicioso ya que el pensamiento catastrófico causa indefectiblemente ansiedad y ésta, a su vez, alimenta la fortaleza de estos pensamientos.

Es significativo reconocer el poder que las imágenes mentales poseen sobre la salud, sean para bien o para mal.

Suponer siempre lo peor conduce consecuencias negativas tanto para la salud física como mental ya que toda imagen o todo pensamiento incita cambios en la fisiología corporal. Así, logran surgir problemas como hipertensión, gastritis, colon irritable, caída de cabello, cansancio, falta de concentración, insomnio, ansiedad o depresión.

Los principios de los pensamientos catastróficos son varios pero específicos para cada uno. Las experiencias tempranas de ansiedad o miedos intensos inducen a una fragilidad del sistema límbico cerebral que deja a la mente y al cerebro con mayor predisposición a dispararlos con mayor asiduidad e intensidad y de forma automática.

A través de un tratamiento integral puede desactivar los mecanismos psicológicos, neuroquímicos y hormonales que crean los pensamientos catastróficos.

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Fuente: clarin

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