Lamentablemente la depresión se ha convertido en el trastorno mental más común de los últimos tiempos en nuestro país. De tanto estrés, de tanta ansiedad, de tantas separaciones de seres queridos que se han marchado, por los que han perdido la vida, por nuestra merma de poder adquisitivo, de calidad de vida, por la escasez de absolutamente todo, pero por sobre todo la falta de valores; pues son muchos los que viven sin “ganas”, desanimados, melancólicos, tristes, como deambulando, sin norte, sin ánimo, sin nada que los invite a sonreír o a pensar que si es posible salir adelante. Partiendo de este panorama, qué complicado resulta entender que todo es cuestión de actitud y que la misma sí es total responsabilidad de cada uno de nosotros, y créanme, “con mucho, mucho esfuerzo, sí se puede”. Esa se ha vuelto mi verdadera lucha a diario, por eso les escribo sobre esto hoy.

Estén alertas, se puede hablar de depresión si, experimentan cambios bruscos en su apetito que los llevan a variar su peso, ya sea exceso de hambre o falta de éste. Si tienen baja autoestima o experimentan un sentimiento infundado de culpa o se sienten inútiles. Si tienen falta de energía, fatiga crónica, insomnio o exceso de sueño; si están  faltos de iniciativa, amargados, desesperanzados, no se pueden concentrar y su deseo sexual es bajo.

Soluciones…

Buscar ayuda profesional sería la medida inicial,.

Apóyese en familiares y amigos.

Busquen en su cotidianidad todo aquello por lo cual valga la pena sonreír, a lo mejor es poco, pero enfóquense en ello.

El uso de la FE es poderoso.

Busquen activarse físicamente, ya que está comprobado que las personas que hacen ejercicio, se deprimen menos.

Trato de no escuchar rumores y conectarme con las noticias sin tanta obsesión, sólo lo necesario.

Trato de dormir reparadoramente y descansar.

Este es un extracto del artículo original publicado en CaraotaDigital

María Laura Garcia

 

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