A pesar de que muchas personas confían en los descongestionantes nasales como ayuda para aliviar los síntomas de un resfriado o gripe, esos medicamentos a veces pueden hacer más mal que bien, sobre todo cuando se toman repetidamente.

Entre los ejemplos de los descongestionantes más usados están la fenilefrina y la pseudoefedrina. Esos ingredientes, a menudo, están incluidos en los preparados para resfriado y gripe que tratan varios síntomas.

Tomar un descongestionante puede aliviar temporalmente la congestión, pero también puede aumentar ligeramente la presión arterial.

Eso potencialmente es un problema cuando alguien ya padece de presión arterial alta, especialmente si no está bien controlada. Los descongestionantes también pueden interferir con la eficacia de ciertos medicamentos para la presión arterial. Si usted toma medicamentos para la presión arterial, consulte con el médico o con el farmacéutico antes de tomar ningún descongestionante nasal.

Los descongestionantes de liberación extendida pueden ser menos propensos a elevar la presión arterial que los del tipo de liberación inmediata, pero igual causan problemas.

Las personas que padecen afecciones como diabetes, hiperplasia prostática benigna, problemas de isquemia cardíaca, trastornos de la tiroides, glaucoma y convulsiones, por lo general, deben evitar los descongestionantes nasales.

Además, usar descongestionantes nasales de venta libre y en forma de spray, durante más de tres o cuatro días, puede provocar incluso peor congestión nasal, toda vez que pasa el efecto del descongestionante (rinitis de rebote).

Muy a menudo, las personas resfriadas empeoran y por ello usan más el spray, lo que les lleva a caer en una espiral descendente con el medicamento y a que empeore la congestión.

Otros efectos secundarios ocasionales del spray nasal pueden incluir sangrados de la nariz, agitación e insomnio.

Afortunadamente, los síntomas no suelen durar más de una semana y media. En caso de que la congestión continuase, sería oportuno acudir al médico para explorar otras alternativas de tratamiento que quizás sean más eficaces.

Adaptado de Mayo Clinic Health Letter

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