La verdad, el abuso emocional está a la orden del día en nuestro país, ese maltrato psicológico que pudiera circunscribirse solo al entorno íntimo, en nuestros hogares, o en el ámbito laboral y escolar (lamentablemente es muy frecuente, más de lo que pensamos); ahora también, estoy segura, lo estamos experimentado a nivel macro, es decir de una u otra manera, todos los ciudadanos estamos siendo abusados psicológicamente por los que dirigen el país.

 

Los especialistas conciben como abuso emocional cualquier comportamiento, verbal o no verbal, que impacte negativamente sobre el bienestar emotivo o psicológico de un ser humano.abuso

Lamentablemente este tipo de agresión es muy común pero difícil de diagnosticar porque no deja huellas visibles en lo físico, pero puede ser igualmente devastador; afectando los pensamientos y el concepto que tiene sobre sí misma la víctima.

Se trata de la perpetuación sistemática y explícita de actos maliciosos no físicos, que comprenden actitudes, acciones y palabras humillantes, sarcásticas, en público o privado, como: insultos, gestos de desaprobación, el aislamiento, la descalificación personal, establecer lazos de codependencia, indiferencia ante los sentimientos de la víctima, la ridiculiza en lo que más valora (creencias, sexualidad, habilidades, edad, apariencia, religión, raza, familia, clase social, etc..), se abstiene de aprobar lo que hace, mostrarle aprecio o afecto o la ignora. Constantemente critica a la víctima, la insulta, y le grita. Limita su socialización con ella e incluso, en casos extremos, no le permite trabajar, le controla el dinero, toma todas las decisiones; evita que se relacione con familiares y amistades. Frecuentemente le amenaza con marcharse o le pide que lo haga. La manipula con mentiras y contradicciones. La somete a expresiones o posturas corporales intimidantes, entre muchas otras cosas.

cq5dam.thumbnail.633.346Realmente es un proceso agotador que, sin duda, con el tiempo, deteriora la autoestima e imagen personal del afectado, ya que es imposible ante tales circunstancias sentirse valorado o aceptado. Es común que los receptores del abuso se sientan: inservibles, dependientes del abusador, confundidos, tristes, enfadados, aislados y sin control de su propia vida, lo que le genera mucho estrés, miedo y ansiedad.

Lo terrible de estas sensaciones desagradables es que en el tiempo pueden somatizarse físicamente a través de: sensaciones de opresión, ahogo, fatiga, palpitaciones, desordenes del sueño, nerviosismo, irritabilidad, dolores de cabeza, problemas digestivos, ansiedad y ataques de pánico, entre otros trastornos. Además, es común, que se experimente un profundo temor ante los encuentros y las reacciones del maltratador; más la depresión puede ganar la batalla porque la víctima se desmoraliza y se siente incapaz de defenderse.

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María Laura Garcia

 

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