Tener un reptil como mascota presenta una serie de ventajas frente a otras especies que los potenciales compradores pueden valorar. Por ejemplo, la gran independencia que demuestran, o lo sencillo y económico de su cuidado diario.

Buena parte de estos animales no requieren ser alimentados a diario, ni limpiarlos habitualmente. Además, su olor corporal es mínimo.

Hay reptiles carnívoros, omnívoros, insectívoros y herbívoros y depende de la especie, se debe lidiar bien con piezas vivas (ratones, por ejemplo).

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Además, cuidar adecuadamente de alguno de estos animales exóticos exige avanzados conocimientos. Lo primero y más básico, que al ser animales de sangre fría, carecen de la capacidad de aclimatar su temperatura corporal, necesitan una temperatura ambiente, como norma general, de entre 25 y 32 grados.

Entre los reptiles más demandados como mascota, están las tortugas de agua, las iguanas, los camaleones, los geckos y las serpientes.

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La iguana: se trata de un lagarto tranquilo y dócil. Esto le convierte en el reptil más común para tener como mascota. Requiere de un espacio bastante amplio, pero su cuidado es relativamente sencillo.

El camaleón: otro animal inofensivo y tranquilo. Lo bonito de sus cambios de color y de su manera de moverse tiene el inconveniente de que exige unos cuidados más específicos.

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El gecko: estos pequeños lagartos son muy mansos y destacan por su docilidad, lo que hace que su manipulación sea muy sencilla.

La tortuga de agua: su cuidado es súper sencillo y al tener un tamaño tan reducido, hace que muchos padres se animen a comprarle una a sus hijos.

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La serpiente: existe una gran variedad de ellas. Algunas son más sencillas de domesticar y de alimentar con animales e insectos congelados. Otras solo pueden comer presas vivas. Unas crecen menos, otras llegarán a los 10 metros de longitud. Las hay más activas y curiosas que el resto.

Fuente: La Nueva España

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