Educar a los niños lo que requieren para ser buenos estudiantes de por vida no es una tarea sencilla. Aún más complicado inculcar en los niños que acepten que el fracaso es una manera de aprender.

No obstante, una reciente investigación exhorta que las creencias de los padres acerca de si el fracaso es una bueno o malo puede guiar a sus hijos a cómo piensen acerca de su propia inteligencia.

Los especialistas hallaron que se trata de las respuestas de los padres al fracaso, y sus creencias sobre la inteligencia, lo que finalmente absorben  sus hijos.

La psicológica Kyla Haimovitz de la Universidad de Stanford, autora principal del estudio. “La mentalidad  o creencias de los niños acerca de si su inteligencia es estática o puede crecer, pueden tener un gran impacto en su rendimiento y motivación”.

Haimovitz  y la investigadora Carol Dweck coautora del estudio, tienen la hipótesis de que la mentalidad sobre la inteligencia que poseen los padres lograría no transferirse a sus hijos porque no son sencillamente observables.

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Las investigadoras concluyen que los padres transmiten sus puntos de vista sobre si el fracaso es positivo o negativo por medio de sus respuestas a las preguntas de sus hijos.

En un estudio, las investigadoras solicitaron a 73 pares de padres e hijos para responder una serie de preguntas diseñadas para conocer sobre su manera de pensar individual sobre el fracaso y la inteligencia.

Como era de esperarse, no hubo asociación entre las creencias de los padres sobre la inteligencia y las creencias de sus hijos sobre el mismo tema.

No obstante, las actitudes de los padres hacia el fracaso estaban relacionadas con la forma en que sus hijos pensaban acerca del fracaso.

Los científicos además hallaron que las creencias de los padres sobre el fracaso parecían traducirse en sus reacciones a fracaso.

“Es importante para los padres, educadores y entrenadores que sepan que una mentalidad abierta al crecimiento no puede trasmitirse a los niños a menos que utilicen prácticas de enseñanza didácticas efectivas, como por ejemplo discutir con sus hijos lo que podrían aprender de un fracaso y cómo podrían mejorar su desempeño en el futuro “, expresó finalmente Haimovitz.

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Fuente: psicologiaaldia

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