Es usual escuchar a la gente en el día a día, quejándose de un dolor,  muchos y de muchos tipos, pero el más común: “me duele la cabeza”.

Lo importante con respecto a esto, es entender, que cualquier dolor en su cuerpo es producto de algún proceso que no se está dando de manera naturalmente o se deriva de algún traumatismo o agresión externa que obviamente tenemos claro que se dio. Lo cierto es, que tener un dolor sin causa clara… “no es normal” y deben buscar incasablemente, el origen y por tanto la solución permanente.

Yo,  he escuchado a muchos manifestar… “he sufrido de dolores de cabeza constantes por alrededor de varios días”… y no van al médico; así como también, he escuchado a otros decir: “tengo constantes dolores de cabeza y he ido al doctor, me hizo mil exámenes para saber el porqué, pero no encontró nada”.

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Foto. Alejandro Córdoba

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¿Qué hacer?

Yo les recomendaría acudir a un médico especialista en dolor o en medina antienvejecimiento. Los primeros hasta donde sé, en Venezuela estaban comenzando a formarse, hace aproximadamente 12 años por el auge mundial de esa especialidad derivada de la postura de la OMS a considerar “el no sufrir dolor” un derecho esencial humano; los segundos comenzaron a capacitarse por el trabajo pionero realizado por un gran amigo, el Dr. Juan Carlos Méndez (@doctorantivejez).

Este es un problema a solucionar con urgencia, por 2 razones:  es un “síntoma de que algo no está bien” y en segundo lugar, es nuestro “derecho esencial a ser tratados para no experimentar dolor” que desmejoren nuestra calidad de vida.  Háganse conscientes de lo siguiente: la toma constante de medicamentos para sólo disfrazar nuestra molestia y no curar la causa es, por un lado, poner en riesgo sus vidas; y por el otro, vivir con una discapacidad que nos impida hasta ir al trabajo y hacernos incumplir con nuestras responsabilidades que no es inteligente.

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Foto. Alejandro Córdoba

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Soluciones…

Un especialista en controlar el dolor puede valorar su situación y brindarle alternativas de tratamiento, además de ayudarle a encontrar maneras de sobrellevar, por ejemplo si es su caso,  las cefaleas crónicas para que puedan retomar sus vidas de la forma en que lo desean.

Generalmente cuando no se encuentra una afección de base que ocasione la cefalea crónica, el tratamiento se enfoca en reducir la frecuencia y gravedad del dolor, más en disminuir con ello la discapacidad que ocasionan.

En la primera línea de tratamiento para el dolor crónico, aunque como ya les escribí, los más comunes son los dolores de cabeza, normalmente están los medicamentos. Lo importante es que ninguna de estas terapias debe tomarlas con el seguimiento del especialista para poder manejar o evitar los efectos secundarios. Además, es pertinente sopesar el riesgo de consumirlos prolongadamente.

Aparte de las medicinas, también hay otras alternativas para mitigar el dolor. Varios procedimientos de invasión mínima pueden servir para tratar el dolor y entre ellos están las inyecciones en el punto álgido, los bloqueos de nervios periféricos, los procedimientos de columna guiados por imágenes y la colocación de dispositivos médicos: “los estimuladores de la médula espinal”.

Otras terapias de menor invasión, tal como la acupuntura que consiste en introducir agujas finas en puntos específicos de la piel, pueden ser beneficiosas para reducir la intensidad y frecuencia de los dolores de cabeza. Además, indagar sobre la biorretroalimentación también puede resultar útil porque con esta técnica, se pueden reducir las cefaleas mediante una mayor concientización y posterior cambio de las respuestas orgánicas al dolor, como tensión muscular y frecuencia cardíaca.

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Por último, su bien algunas medidas para atenuar el dolor, no permiten librarse de él definitivamente, ayudan a sobrellevarlo mejor. Por ejemplo, las terapias cognitiva conductual por lo general, beneficia a los pacientes  que batallan con dolor crónico. Gracias a esta herramienta se examina la forma negativa en la que uno puede pensar sobre el dolor o reaccionar ante él y se nos enseña a reestructurar los pensamientos, las conductas, para dirigir mejor nuestra vida, pese al dolor y así,  seguir adelante de forma sana y productiva.

Otras medidas que nos pueden ayudar a reducir el dolor son: técnicas de relajación para manejar el estrés, fisioterapia y terapia ocupacional, terapias desintoxicantes propias de la medicina antienvejecimiento, suplementación con vitaminas, sueros revitalizantes, cambios de hábitos alimenticios, terapias iónicas y de sueño, más otras modificaciones en el estilo de vida.

Entonces, manos a la obra para conseguir el porqué de su dolor y combatirlo.

Esto es un extracto de la columna original publicada en Caraota Digital

María Laura Garcia

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