Una proactiva interacción con el mundo es lo que hace posible que los niños se integren y aprendan el lenguaje verbal de manera óptima, a través de múltiples herramientas que pudiesen facilitarse en el proceso de aprendizaje, en el ámbito de la casa o la escuela.

La psicopedagoga y especialista en dificultades del Aprendizaje, Adriana Díaz, y la licenciada Rosaida Mendoza, terapista del lenguaje, responden a las preguntas de María Laura García sobre el tema:

¿En qué momentos se debe aplicar la estimulación del lenguaje?
RM:
Estimular el lenguaje es inducir al niño o niña a través de la vida diaria al conocimiento de las palabras, su significado y expresión verbal con juegos e interacciones del entorno, siempre por los canales auditivos, visual y táctil.

¿Este proceso de estimulación del lenguaje debe practicarse en todos los ámbitos: hogar, escuela, actividades extracurriculares?
AD:
En el ámbito escolar, familiar, comunidad, esa proyección con el niño es importante para que el niño no tenga problemas con el lenguaje y más bien tenga un lenguaje muy fluido, a nivel de lenguaje expresivo y receptivo.

¿En cualquier caso es útil la estimulación del lenguaje? ¿Desde qué etapa se debe realizar?
RM:
Desde el momento que la mamá tiene al bebé en sus brazos, debe comenzar a estimularlo. Que el niño pueda observar la voz de la madre y vaya reconociendo los sonidos onomatopéyicos del entorno. Por eso, son tan importantes los juguetes didácticos que se utilizan en las cunas, porque todo el medio exterior facilita una estimulación del lenguaje mucho más significativa.

¿En qué se diferencia la estimulación que debe hacerse habitualmente en el hogar y en la escuela a niños sin problemas diagnosticados, de aquella que se realiza con fines terapeúticos?
AD:
La estimulación debe hacerse en todo tipo de niños. Hay que hablarles, leerles cuentos, hablarles constantemente de la vida cotidiana. La diferencia de cuándo ir al terapista es cuando ya hay un diagnóstico en el niño de un problema con un fonema, o que pueda tener una patología. Allí sí debe involucrarse la terapista del lenguaje. También, si un niño tiene tres años y no se ven avances en el lenguaje con las estimulaciones hechas en casa o en la escuela, no hay una construcción de oraciones completas, ahí sí hay que acudir a la terapista.

¿Qué detalles deben observar los padres en los niños para decidir acudir a un terapista del lenguaje?
RM:
A los tres años tiene que estructurar una oración, elaborar un cuento, decir qué le pasó en la calle o en el colegio. Si no lo hace, hay un problema. También, si llegados los cinco o seis años no maneja todos los fonemas o las letras, ahí también hay que ver qué está pasando, si se come la R o la K. La K a los 4 años ya debe estar siendo pronunciada, al igual que la M, porque son de los primeros fonemas que salen. A los seis años, ya deben poder decir todas las letras claras.

¿Los maestros deberían formarse en el área de estimulación del lenguaje?
AD:
Claro. Los maestros deben incorporarse en el proceso de facilitación del aprendizaje, mediante la lectura de cuentos, o audiocuentos, así como promover actividades que incentiven la parte lingüística, como las de dramatización, que permiten que pueda relacionarse con un entorno en específico. Los maestros y padres pueden facilitar ese proceso interactivo y comunicativo. Por ejemplo, los padres al ir vistiendo a los niños pueden ir nombrando los segmentos corporales, la ropa, o si van a hacer algún tipo de alimento nombrar la preparación, los ingredientes. En todo momento, se puede estimular el lenguaje. Es la única forma de que puedan adquirir el vocabulario.

¿De qué otras maneras cotidianas se puede estimular el lenguaje en niños?
RM y AD: Otra forma sencilla es leerles cuentos de noche y realizarles preguntas también fáciles asociadas a la lectura. Que los cuentos sean grandes, con imágenes visuales muy llamativas, para facilitar la comprensión. Se le puede preguntar al niño ¿te gustaría ser la Caperucita, el Lobo? Motivarlos para generar interacción.

¿Cómo deben hablarle los papás al niño? ¿Se acepta el hablarle “chiquitico”, con diminutivos para mencionar las cosas?
RM: 
Primero, no hablarle chiquitico. En ningún momento, las cosas se dicen por su nombre. No es “camisita” es camisa. Tampoco, corregirle tan drásticamente, por ejemplo la “peota” por “pelota”, al menos que el término se use en una oración.

¿Qué patologías pudieran causar problemas del lenguaje?
AD:
Primero está el trastorno del lenguaje como tal, que se debe a una mala estimulación. Están también las desviaciones articulatorias o déficits fonológicos.

¿Cuáles son las consecuencias de no abordar los problemas de lenguaje a tiempo?
RM: 
Podemos tener una dificultad de aprendizaje a largo plazo, también que el niño no lea de forma correcta o fluida, debido a que se regresa a hacer las construcciones propias del discurso. Por eso es tan necesario que cualquier problema del lenguaje sea abordado por un equipo multidisciplinario, de manera que esos pequeños desfases puedan ser solventados y el niño tenga un mejor desempeño escolar. A este abordaje debe integrarse un psicólogo, haciendo el énfasis con la familia para que también ayude al niño, dándoles pautas para que puedan hacer esa transferencia en el hogar.

Fuente: Adriana Díaz, psicopedagoga y especialista en dificultades del Aprendizaje/ Rosaida Mendoza, terapista del lenguaje,

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