Este artículo se centra en cómo una modificación de la dieta para reducir la inflamación puede tener un impacto importante en la prevención de muchas enfermedades.

Casi todas las enfermedades degenerativas tienen una misma etiología Bioquímica subyacente, que reside en el estado Proinflamatorio inducido por la dieta. El programa de tratamiento debe incluir protocolos nutricionales para reducir el estado Proinflamatorio. Todavía queda mucho por recorrer en la labor de investigación por realizar sobre las relaciones entre la inflamación y diferentes estados patológicos. Sin embargo en la actualidad los indicios disponibles corroboran el uso de los planteamientos dietéticos descritos anteriormente, como parte de un planteamiento o protocolo integral para combatir una serie de enfermedades crónicas.

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Los peligros de la inflamación, cómo contribuye ésta a la obesidad, al aumento de peso y a la dificultad a la hora de perderlo

En medicina antienvejecimiento nos enfocamos en comprender el problema obesidad-aumento de peso al investigar la  forma de reducir la inflamación en pacientes que deseaban frenar el proceso del envejecimiento y reducir los riesgos de contraer enfermedades relacionadas con éste.

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La alimentación ejerce una considerable influencia en el proceso inflamatorio, ya que, según lo que comamos, podemos aumentar o disminuir la inflamación en el cuerpo. Para lograrlo hace falta disminuir o modular la micro inflamación que ataca a las células continuamente. La inflamación aguda es una respuesta defensiva de los tejidos  ante la irritación, una herida o una infección, caracterizada por el dolor, la rojez, la hinchazón e incluso a veces la pérdida de alguna función. En situaciones normales, se trata de un fenómeno favorable, que ayuda al cuerpo a reparar los efectos de un trauma o infección. En cambio, la inflamación crónica, prolongada o excesiva, es siempre nociva.

Cuando se produce la inflamación asintomática en las células de nuestros órganos, corremos el riesgo de sufrir una serie de enfermedades degenerativas relacionadas con el proceso del envejecimiento, y esto es así porque las células atacadas  por la inflamación que genera el propio organismo dejan de funcionar correctamente (lo que equivale a decir que algo que ha precipitado una respuesta inflamatoria en las células. Ha entorpecido su funcionamiento  y provocado en alguna ocasión, una crisis importante).

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Las células responden tal y como las tratamos

Si le evitamos heridas si le proporcionamos el alimento adecuado, ellas nos mantienen vivos y funcionan a pleno rendimiento.  En cambio, si las exponemos a las toxinas ambientales, a largos periodos de estrés o unos índices elevados de azúcares, las células reaccionarían produciendo agentes químicos inflamatorios, una especie de desviación del mecanismo de defensa normal. Por otro lado, si maltratamos a nuestras células regularmente, pueden producirse fallos orgánicos y aparecer algunas de las enfermedades  antes citadas, incluyendo el síndrome metabólico, que puede degenerar en diabetes y obesidad.

La inflamación silenciosa es esa novedosa y hasta hace poco desconocida” pieza que faltaba” en la epidemia de obesidad del mundo actual, existen muchos autores que opinan al respecto y existen una variedad de dietas antiinflamatorias.

La alimentación ejerce una considerable influencia en el proceso inflamatorio, ya que, según lo que comamos o bebamos, podemos aumentar o disminuir la inflamación en el organismo. Lo ideal sería encontrar una alimentación para mantenernos con un aspecto más joven, vivir más años y llevar una existencia con una salud óptima.

En las personas obesas se produce un intercambio constante entre grasa y musculo. Un fenómeno que se acelera mucho cuando se sigue una dieta. Una de las razones que lo explica es que en situaciones como ésta tendemos a reducir el número de calorías ingeridas, al contrario de lo que hacemos cuando no seguimos régimen alguno. Las personas obesas presentan altos niveles de insulina, y éstos iniciaran su descenso en cuanto comience la dieta. Una de las razones que lo explica es que en situaciones como ésta tendemos a reducir el número de calorías ingeridas, al contrario de lo que hacemos cuando no seguimos régimen alguno.

 

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Ahora cuando ya sabemos de los peligros de la inflamación, vamos a ver como contribuye esta a la obesidad, al aumento de peso y a la dificultad a la hora de perderlo.

Primero se debe reducir la micro inflamación para reducir los riesgos de contraer enfermedades. La alimentación ejerce una considerable influencia en el proceso inflamatorio, ya que, según lo que ingerimos, podemos aumentar o disminuir la inflamación en el cuerpo.

En edades avanzadas, la inflamación crónica se produce primariamente a causa de desequilibrio entre las cantidades de ácidos grasos esenciales omega 6 y omega 3, en las dietas prehistóricas, la relación de estos ácidos grasos era cercana a 1:1; en la actualidad es alrededor de 45:1. Se considera que este desequilibrio contribuye a un aumento de las afecciones de las afecciones inflamatorias en el cerebro, arterias coronarias, piel, músculos y otros tejidos. Además, la inflamación da lugar a membranas celulares rígidas, alteración de la comunicación celular y un mayor riesgo de cáncer, afecciones auto inmunitarias entre otras.

En resumen podemos afirmar que la inflamación crónica contribuye al desarrollo y a la progresión de la artritis reumatoide y la osteoartritis, el asma, la ateroesclerosis, la demencia, el eccema, la enfermedad inflamatoria intestinal y el síndrome del intestino irritable.

La inflamación engloba cientos de reacciones bioquímicas en el organismo y, en todo momento, se están descubriendo nuevos mediadores inflamatorios. Las últimas investigaciones apuntan hacia la alimentación explorando las correlaciones entre patrones y los niveles sanguíneos de diferentes componentes. Algunos de los mediadores inflamatorios más comúnmente estudiados incluyen por ejemplo a la Proteína C reactiva (PCR) de fase aguda que en la actualidad se conoce como un factor de riesgo independiente de enfermedades cardiovasculares, parece estar influenciada por una serie de factores dietéticos.

Es la inflamación es  una vía natural del organismo para protegerse. La inflación comprende muchas reacciones químicas en el organismo que ayudan a luchar contra infecciones, incrementa el flujo sanguíneo a lugares que necesitan curación generan dolor para avisar que algo está mal en el organismo. Lamentablemente, como cualquier proceso en el organismo es posible que esto tan bueno se produzca en exceso.

Existe una serie de patologías clínicas que están relacionadas con un exceso de inflamación en el organismo. A continuación se enumeran algunas: alzheimer-a-tu-salud

  • Enfermedades cardiacas
  • Cáncer
  • Enfermedad pulmonar obstructiva crónica
  • Asma
  • Dolores crónicos
  • Diabetes Mellitus tipo II
  • Enfermedad inflamatoria intestinal
  • Enfermedad de Alzheimer
  • Enfermedades en las que el sistema inmunológico ataca el organismo, como la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico y la esclerodermia.
A menudo, las personas toman medicamentos que disminuyen la inflamación

Estos medicamentos pueden alterar las reacciones químicas en el organismo. Las investigaciones están demostrando cada vez más que existen otros factores que también las pueden alterar. Los factores sobre los que tenemos control, como nuestro nivel de estrés, la cantidad de ejercicio que practicamos y el tipo de alimento que ingerimos tienen influencia sobre la inflamación.

Es posible comer de forma  que se reduzca la inflación y, por consiguiente, el dolor y otros síntomas de enfermedad. Numerosos estudios han demostrado que las personas que consumen determinados tipos de alimentos tiene una menor probabilidad de sufrir los problemas de salud antes mencionados.

A continuación se presentan algunas directrices importantes para personas que quieren adoptar una dieta antinflamatoria.

1: Sustitución de ácidos grasos saturados y trans por aceite de oliva y ácidos grasos omega-3.

Evitar grasas insanas. Las grasas trans y las grasa con un elevado contenidos en ácidos grasos Omega-6 causan inflamación. Estas grasas se encuentran en productos animales y cualquier alimento diseñado para una larga conservación. Las grasa monoinsaturadas como el aceite de oliva constituyen una mejor elección. Para reducir la inflamación tenemos las grasas Omega-3, como el aceite de pescado y el aceite de linaza.

2: Ingesta de abundantes frutas y verduras.

Muchos estudios están demostrando que una dieta rica en frutas y verduras es buena para disminuir la inflamación. Cuantas más raciones comamos mejor

3: Ingesta de fibra.

Las dietas ricas en fibra reducen la inflamación. Un buen objetivo es ingerir alrededor de treinta gr al día, siendo ideal una dieta de granos integrales, frutas y verduras.

La siguiente lista indica los alimentos que debemos comer o evitar para controlar la inflamación.

 

COMER MÁS

                            COMER MENOS

Alimentos ricos en Omega-3 (Salmon, sardinas) Semillas de linaza molida o aceite de linaza.

Verduras de hoja verde.

Nueces.

Verduras amarillas, naranjas y rojas.

Verduras de hoja verde oscura (Espinaca, acelga, lechuga romana)

Cítricos.

Té negro y Té verde.

Verduras de la familia Alliun (Cebolla y ajo)

Alimentos ricos en fibra.

Especias que contiene compuestos antiinflamatorios: Jengibre, Romero, Cúrcuma, Orégano, Cayena, Clavo, Nuez Moscada.

Alimentos ricos engrasas Trans y Omega-6: Carnes rojas, Productos lácteos, Aceites parcialmente hidrogenados, Aceites de maíz, Semillas de algodón, Semillas de uva, Cacahuetes, Soja.

Alimentos de prolongados periodos de conservación.

Alimentos ricos en carbohidratos simples (Alimentos con una elevada carga glicémica; alimentos que provocan un rápido aumentos de los niveles de insulina parecen provocar mayor inflamación): Pan blanco, biscochos, cereales de arroz y maíz.

Alimentos que tiene mayor probabilidad de desencadenar reacciones de intolerancia (Varían de una persona a otra)

Productos lácteos, trigo, huevos, saborizantes y colorantes artificiales (Aspartame)

 

 

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