El Tai Chi, también conocido como un arte marcial originario del antiguo Imperio Chino, se ha extendido como práctica alrededor del mundo, no precisamente por su aspecto defensivo, sino por los múltiples beneficios que su ejecución reporta a la salud.

En Venezuela, existen diversas escuelas dedicadas a la enseñanza de esta disciplina milenaria que, por el carácter pausado de su práctica y el conjunto de habilidades que potencia, constituye una opción sugerida a un amplísimo rango de personas.

La ejecución del Tai Chí propone a sus practicantes la realización de esquemas de movimientos de naturaleza casi coreográfica, constituidos en una combinación de esfuerzos de baja intensidad física que exigen una armonía de coordinación entre la postura, el equilibrio y la respiración del individuo.

La particularidad y ventaja de esta disciplina física con respecto a otras, es que no ofrece limitaciones de edad, peso o condición física a sus practicantes, ya que sus movimientos circulares y de muy bajo esfuerzo, que mantienen los músculos relajados y las articulaciones en un punto en que no se encuentran completamente dobladas ni extendidas, la hacen una actividad recomendada, incluso para procesos de rehabilitación física.

En ese sentido, son diversos y variados los estudios científicos que confirman la eficacia de este arte marcial para el fortalecimiento de la salud general de las personas, así como para la mejoría de diversas patologías crónicas.

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Muchas posiciones y giros del Tai Chi, incentivan un control natural del equilibrio, movimientos y errores corporales, que unido al consecuente fortalecimiento muscular, óseo y articular, mejora las dolencias y movilidad de personas con artritis, diabetes tipo 2, osteoporosis, Parkinson, esclerosis múltiple, fibromialgia, o sencillamente personas posmenopáusicas o ancianas, disminuyendo así su riesgo de caídas.

Asimismo, la concentración presente en el aprendizaje y repaso de la dinámica de pasos y secuencias de este arte marcial, conforma una actividad anti estrés que proporciona bienestar psicológico, mejorando la calidad del sueño, los niveles de lucidez mental, memoria y presión arterial.

A esa optimización de la función circulatoria, que favorece directamente la función cardíaca y el control de cardiopatías, se suman mejoras en los niveles de colesterol, triglicéridos, insulina y hasta la proteína indicadora de alto riesgo cardiovascular en el organismo, C reactiva.

Una investigación llevada a cabo por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, contempló al Tai Chi como una actividad recomendada para pacientes con insuficiencia cardíaca crónica, a los que históricamente se les contraindica la realización de cualquier tipo de esfuerzo físico.

En el estudio publicado en la edición número 25 de Archives of Internal Medicine, este ejercicio, considerado una intervención integrada (cuerpo-mente) a la vida de estos pacientes frágiles, se mostró no sólo posible a su condición, sino valioso para su calidad de vida, autoeficacia y estado de ánimo.

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Fuente: Science Daily-Taocalli

 

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