Una vez que llegamos a este plano, algo de lo cual no vamos a escapar es a tener una caída, un fracaso o un rechazo. Y no es que sea fatalista, sencillamente es el precio de respirar, pues hasta los seres humanos más dotados, exitosos o prósperos, pasan por procesos tortuosos para forjar su carácter, crecer espiritualmente y evolucionar como seres humanos con el propósito de cumplir con su misión de vida o sus metas, sus aspiraciones.

Por tanto, los fracasos o el rechazo siempre estarán allí, ahora bien resultarán sólo eso, un tropiezo o un “NO”, dependiendo de cómo manejemos la situación, lo ideal es no involucrar la emoción y sí la razón.

Lo primero que debemos entender, es que no necesariamente esa caída nos define como personas, generalmente es algo puntual que debemos analizar para no volver a fallar. De eso se trata crecer espiritualmente o profesionalmente, revisar y hacer balances para poder tomar lo bueno,  superar lo malo, para volver a intentarlo; ya sea en pro de ese mismo objetivo, o que decidamos establecer otro porque después de hecho el análisis deducimos que es mejor tomar un rumbo distinto.

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¿Por qué la gran mayoría de nosotros nos frustramos, resentimos o llenamos de rabia ante una negativa? Porque de crianza estamos acostumbrados, e incluso hemos sido programados por la familia y la escuela, a esperar la aprobación o evaluación positiva de padres, maestros, autoridades o jefes.

En nuestro corazón y de forma automática, traducimos  el rechazo en malos sentimientos, lo que desemboca en un gran negativismo que no nos permite evolucionar y en muchos casos, ver la oportunidad; y aún peor,  como siempre les digo, la desdicha es una mala energía y cuando vibramos en esa frecuencia, lo que atraemos es más tristeza; convirtiéndose esto en un círculo vicioso interminable, porque el negativismo no nos permite analizar las situaciones, entender los por qué y avanzar.

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No permitan que sus mentes, les vivan jugando malas pasadas, esperando que todo les salga mal, cuando están deseando que todo les salga bien, esto es contradictorio y de las incongruencias, puede derivarse algo bueno? Yo no creo. Mínimo terminaremos experimentando depresión o estrés.

Si nos caemos, porque no gusta lo que hacemos o cómo somos, pues a revisarse para seguir intentando conseguir la realización, la plenitud o la aceptación.

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Un rechazo en nuestra vida, es una enseñanza más, un fallo que nos indica que no estamos lo suficientemente capacitados o preparados como para lograr lo que nos proponemos en un momento determinado, no se trata de una negativa sellada con fuego para el resto de nuestra existencia. Por tanto, no es una amenaza, es sólo un indicador que nos dotará de una experiencia cuyo valor es imponderable.

Este es un extracto de la columna original publicada en Caraota Digital.

María Laura Garcia

 

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