Algunas personas somos demasiado exigentes con nosotros mismos y esto termina por generarnos una importante carga de estrés, es por ello que hay que saber cómo trabajar las autoexigencias para no caer en la mediocridad, pero tampoco sabotearnos a nosotros mismos.

Este patrón de comportamiento se torna poco saludable si se sufre a diario dado que genera estrés y malestar, que luego se traduce en el desarrollo de síntomas tanto físicos como emocionales, por ejemplo: ansiedad, miedos, depresión, angustia, agotamiento mental o burn out.

Identificar si uno es autoexigente, a veces es difícil, pero según explica la licenciada María Gabriela Fernández Ortega, del Instituto Sincronía, una persona autoexigente es aquella a la que le cuesta aceptar la idea de que no puede con muchas cosas que se ha propuesto ya que hacerlo implicaría aceptar que como todos, tiene límites.

¿Eres autoexigente o no?

La licenciada enumera otras características para que puedas determinar tu nivel de autoexigencia:

1. ¿Adoptas una disciplina férrea en pos de conseguir tus objetivo?

2. ¿Sientes culpa si no cumples con las tareas pautadas?

3. ¿Realizas las cosas con una minuciosidad que excede lo razonable?

4. ¿Tus propósitos y actos están teñidos por una actitud perfeccionista y una necesidad de control?

5. ¿La inseguridad ante los posibles errores, te dificulta el tomar decisiones, tolerar los cambios y la frustración?

6. ¿Te valoras más por lo que haces que por lo que eres?

7. ¿En el fondo, sientes que nadie hace una tarea tan bien como tu?

8. ¿Tu necesidad de no decepcionar a otros hace que termines comprometiéndote con cosas a las que no puedes llegar por falta de tiempo y fuerzas?

9. ¿Sientes que los demás te juzgan con la misma vara alta que tu utilizas contigo mismo?

Si las respuestas a estas preguntas fueron afirmativas, Fernández Ortega concluye que eres una persona autoexigente.

auto-exigencia

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Para la especialista, quienes son autoexigentes se rigen más por la vía racional, entonces las emociones quedan parcialmente bloqueadas. «Esto se traduce en una dificultad en poder empatizar con el otro, lo cual le trae problemas en su vida privada y laboral», indica.

Por otro lado, el hecho de no confiar en los demás, hace que no delegue y se siga sobrecargando más, con lo cual sólo aumenta el nivel de estrés y los sentimientos de frustración e impotencia. Además, el querer cumplir con todo el mundo hace que termine decepcionándose a sí mismo y a los otros, para quienes termina resultando no creíble.

Cambios

La buena noticia es que, según la licenciada, podemos modificar una conducta autoexigente. ¿Cómo hacerlo?

1. Identificando nuestros propios límites (nuestros puntos fuertes y débiles) y desarrollando una visión más realista de nuestros recursos y limitaciones.

2. Fijándonos metas realistas.

3. Entrenándonos para aprender a tolerar y manejar la frustración.

4. Trabajando sobre nuestra autoestima para que nuestra autovaloración no dependa de lo que hacemos para los demás, ni de nuestro perfeccionismo.

5. Aprendiendo a identificar y expresar nuestras emociones para mejorar la relación con nosotros mismos y con los demás. La empatía se entrena, asegura.

6. Incorporando en la actividad que hacemos un momento para disfrutar de algo agradable de la tarea.

7. Aprendiendo del error, al verlo como una oportunidad, y siendo más tolerante con uno mismo. «Hay que desdramatiza el error dado que la mayoría de las equivocaciones que tenemos en el día no tienen mayor consecuencia», dice la especialista.

8. Proponiéndose no preocuparse tanto por los resultados, y sí, estar más atento al proceso.

Fuente: TN

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