Expertos afirman la existencia de una fuerte conexión entre el aparato digestivo y el cerebro. Por eso, condiciones como la ansiedad o la depresión influyen de manera directa sobre nuestro bienestar digestivo.

Diferentes estudios han demostrado que factores psicológicos pueden ser la causa de algunos molestos síntomas estomacales, entre ellos, la indigestión, la gastritis e incluso las úlceras. Pareciera exagerado, pero es tanta la conexión entre el cerebro y el sistema digestivo, que a veces, se necesita de una evaluación de parte de un psiquiatra o psicólogo, para diagnosticar estos problemas emocionales, en su mayoría tratables, que son los responsables hasta en un 50% de los trastornos digestivos.

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Foto. Alejandro Córdoba

Trastornos a solucionar…

Son diversas las molestias que pueden aquejar el aparato digestivo, entre otras, diarrea, estreñimiento, hemorragias, regurgitación, reflujo… y que pueden sugerir la existencia de un trastorno digestivo derivado de un mundo emocional no equilibrado.

VIDEO | Tratamiento para el reflujo gastroesofágico

Ciertas personas describen padecer de “indigestión” como un término nada preciso para referir un proceso digestivo anormal, todo derivado en muchos casos, de la tristeza, la ansiedad, el enfado, el orgullo o la infelicidad.  Cuando las personas ingieren alimentos bajo estos estados emocionales, suelen desarrollar dispepsia, es decir, incomodidad en la parte superior del abdomen, ardor en la boca del estómago, pérdida del apetito, náuseas, eructos  e incluso mal aliento.

Ahora bien, no podemos achacar los síntomas hasta ahora descritos, como una única consecuencia de las dificultades emocionales, pues hay enfermedades más graves que pudieran ocasionarlos, como un cáncer gástrico, o no tan graves como las úlceras, síndrome del intestino irritable, intolerancia a ciertos alimentos etc.

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Para aliviar las sensaciones…

Los gastroenterólogos, por ejemplo, están formados para atender clínicamente estos trastornos gástricos con una variedad de opciones terapéuticas efectivas que van desde antiácidos hasta los inhibidores de la bomba de protones. Claro está, si el problema digestivo está muy asociado a la emoción, estos especialistas deben trabajar de la mano de terapeutas, psicólogos y/o psiquiatras. También deberían buscar la ayuda de nutriólogos que evalúen qué de nuestra alimentación pudiera también estar afectándonos.

Este es un extracto de la columna original publicada en Caraota Digital 

María Laura Garcia

 

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