La amplia mayoría de personas con prolapso de la válvula mitral no requiere cirugía, aunque hay quienes terminan necesitándola. A fin de controlar la afección, se debe acudir regularmente a citas de seguimiento médico, además de realizarse exámenes por imágenes.

La válvula mitral se ubica entre una cámara superior y otra inferior del corazón: la aurícula izquierda y el ventrículo izquierdo. La válvula se compone de dos tapas de tejido con forma triangular llamadas hojuelas. El prolapso de la válvula mitral ocurre cuando las hojuelas no cierran bien durante los latidos cardíacos. En el prolapso, las hojuelas protruyen o sufren un prolapso hacia la cámara superior (aurícula izquierda) a medida que el corazón se contrae.

Ilustración médica del prolapso y la regurgitación de la válvula mitral

Lea también: Identifican una causa de insuficiencia cardiaca en personas de 60 años

El prolapso y la regurgitación de la válvula mitral pueden ser producto de la rotura de las cuerdas tendinosas

Muchas personas ni siquiera saben que tienen ese prolapso porque no suele causar ningún síntoma y, por lo general, lo descubren en un examen que se realizan por otra razón.

En algunos casos, en cambio, este prolapso puede provocar un reflujo de la sangre hacia la aurícula izquierda, afección conocida como regurgitación de la válvula mitral.

Si bien esto no siempre deriva en síntomas, la regurgitación puede desencadenar taquicardia o latidos irregulares, mareo, aturdimiento, falta de aire, cansancio o dolor del pecho.

Si usted tiene un prolapso de la válvula mitral sin regurgitación, o si esta última es leve, lo habitual es que no necesite tratamiento. El médico posiblemente le sugiera realizarse exámenes de seguimiento con regularidad para controlar la afección; muchas personas se realizan esos exámenes una vez al año.

Muy posiblemente, cada cierto tiempo también se le indique un examen con ultrasonido del corazón, llamado ecocardiograma. La frecuencia con la que se necesite un ecocardiograma dependerá de la gravedad de la afección y puede variar desde cada 5 años para casos leves, hasta cada 6 meses en casos graves.

El prolapso de la válvula mitral no empeora ni ocasiona otros problemas. No obstante, si con el transcurso del tiempo se desarrollara grave regurgitación, entonces podría requerir una cirugía. Si se deja sin tratamiento la regurgitación grave, puede terminar ocasionando insuficiencia cardíaca.

La cirugía para el prolapso implica reparar o reemplazar la válvula. En muchas personas, la cirugía de reparación que conserva la propia válvula es capaz de corregir bien el prolapso y la regurgitación. Cuando no es posible reparar la válvula, entonces se reemplaza la válvula dañada con otra artificial, que puede ser mecánica o fabricada con tejido animal.

Consulte con su médico, si todavía no lo ha hecho, respecto a la frecuencia con la que usted necesita citas de seguimiento para esta patología. Si en algún momento usted empezara a desarrollar síntomas que pudiesen relacionarse con el prolapso, haga cuanto antes una cita para ver al médico.

Comenta y se parte de nuestra comunidad