La ansiedad  usualmente viene acompañada de un aumento o disminución en el apetito,  que no tiene que ver con hambre física sino emocional. La comilona por un lado o el asco y rechazo por el otro, son un reflejo de que el cuerpo tiene altos los niveles de estrés.

La ansiedad afecta al hambre porque la regulación de las emociones está ubicada en el mismo lugar del cerebro llamado hipotálamo. Ahí se regula el hambre, la sexualidad y las emociones. Cuando tienes una acumulación de emociones de temor o tristeza, se empiezan a alterar las otras funciones que regula el hipotálamo. Ansiedad 1

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Comer en exceso o tener ausencia de hambre

Perder el hambre de repente o que te llegue repentinamente, depende en gran medida de la glucosa y la dopamina. Normalmente el hambre se va cuando tu ansiedad está más relacionada con un estado de depresión, y tu hambre llega cuando predomina la ansiedad y la angustia.

La comida puede ser la forma en la que te dices a ti mismo “no vale vivir” o “quiero llenar éste vacío”. Ninguna de las dos opciones es la apropiada para comer.

Cuando quieres llenar un vacío, este descontrol por comer te lleva a una comilona, y lo que recibes es un momento pasajero de relajación, falso. La falta o ausencia de hambre tienen que ver más bien con la pérdida de placer hacia la vida o ese estado de acidez que acompaña a la depresión.Ansiedad 2

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Relación entre la depresión y la ansiedad 

Es importante  saber que estos dos estados están entrelazados, y que es necesario una evaluación por parte de un profesional para ver cuál es el inicio del dilema para poder resolverlo.

Usualmente se convierte en un circulo vicioso en el que el cuerpo y la mente se entrelazan haciéndote sentir que no tienes fuerza de voluntad.

¿Existe solución?

Sí. Para lo cual debes:

  • Equilibrar la mente, el cuerpo y las emociones.
  • Sanar tu relación con tu cuerpo.
  • Sanar tu relación con la comida.
  • Aprender lo que necesitas para nutrir tu cuerpo.
  • Y convertir en hábitos lo que ya sabes hacer.

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Fuente: Deansiedad 

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