No es sorpresa escuchar a todos los especialistas que entrevisto día tras día, responder cuándo les pregunto cómo prevenir una determinada enfermedad, cualquiera de la que estemos hablando, que no responda que debemos procurarnos una dieta equilibrada, incrementar la actividad física haciéndola regular, no fumar, no beber en exceso; y un porcentaje promedio adicionan que para recobrar o conservar la salud debemos manejar el estrés; y muy pocos mencionan controlar las emociones, descansar o dormir adecuadamente.

Y cómo no, los hábitos alimenticios y el ejercicio regular son vitales para poder hablar de salud, pero definitivamente el bienestar verdadero sólo se podrá poseer o mantener, si aprendemos a manejar las emociones que se generan a partir de nuestro agitado ritmo de vida y le damos un verdadero reposo o espacio al espíritu.

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Para poder ilustrar dicha afirmación, que se basa en mi experiencia y en la de algunos  especialistas que están adentrándose en nuevas disciplinas (neuropsicoinmunología y medicina antienvejecimiento), voy a compartir con ustedes uno de los tantos episodios que me ha tocado vivir, es decir, un problemita de salud que presenté hace un tiempo, pues recientemente he padecido otros que serán materia de otra columna. Me diagnosticaron luego de una colonoscopia, una gastritis sangrante, que se hizo sentir con una opresión intermitente en la boca del estómago y la sensación de haber comido una ballena más no la arepa con la que suelo desayunar la mayoría de los días. Lo que comiese, por escaso que fuese, me ocasionaba un terrible malestar; incluso podía pasar todo un día digiriendo una sola de las comidas.

Después de hacerme el examen y con el resultado o fotografía en la pantalla de su computador, mi gastroenterólogo doctor Hugo Gori, comenzó con el interrogatorio de rigor para poder determinar los factores causantes de mi afección: Cómo es tu dieta? Equilibrada. Comes con exceso de grasa? No. Comes carbohidratos en abundancia? No. Comes a la hora? Sí. Tomas suficiente líquido? Sí. Fumas?  No. Bebes licor? Máximo 2 copas de vino tinto a la semana. Cuántas veces comes al día? Normalmente 5. Haces ejercicio? 4 o 5 veces a la semana. Me mira extrañado y me lanza la “ÚLTIMA” pregunta, … y el estrés? Mucho! Para el médico mi caso era especial, pues sólo existía un detonante: “las emociones”.

Pero como lo malo siempre sucede para que saquemos algo positivo, aprendí que cualquier habito se construye día a día (el famoso dicho “un día a la vez”, de Alcohólicos Anónimos), que olvidarlos es muy fácil, que tener la información no es suficiente, que hay que trabajar para mantener su práctica y si tropezamos, es decir, si se nos pasa, debemos retomar el esfuerzo inmediatamente.

Este es un extracto del texto original publicado en Caraota Digital

María Laura Garcia

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