Cuando estás desarrollando tu carrera dentro de una empresa u organización es posible a la par mantener latente las ganas de ampliar la familia, sin embargo para algunas mujeres a veces es difícil tomar la decisión de concebir un bebé, por las implicaciones que este gran cambio traerá a sus entornos de trabajo, algunas inclusive postergan la llegada de los hijos en función de los logros que desean alcanzar en materia profesional.

El mundo avanza y así la participación de las mujeres en la sociedad, si bien algunas personas se acuerdan de sus madres en casa dedicadas únicamente al hogar, otros fuimos criados por mamás que trabajaban al igual que nuestros padres, además de una gran cantidad de casos donde la mujer es cabeza de familia y sus hijos les recuerdan siempre trabajando.

Los bebés pueden llegar de forma planificada o no, lo cierto es que modifican nuestro esquema de vida completamente, trayendo consigo el descubrimiento de habilidades que no habíamos identificado antes o el desarrollo de otras que son necesarias para afrontar la maternidad.

Ser madres y trabajar es un desafío, pero compaginar ambos roles no es imposible.

Es importante estar conscientes que durante los primeros años de vida de los hijos, en la misma cotidianidad es que aprendemos a ser madres, fundamentalmente para acoplarnos a rutinas e imprevistos relacionados con los bebés. Y si bien en medio de la fuerte dinámica de esa etapa que llegamos a pensar es eterna, es simplemente eso, un período y ellos van a crecer, a convertirse en seres cada vez más independientes que necesitarán de forma distinta de nuestros cuidados.

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Es por eso que la adaptación de la maternidad a nuestro plano laboral también va modificándose con respecto a las fases del desarrollo de nuestros hijos, entendiendo que se generarán cambios en la forma de ejercer nuestra profesión y a la vez, aceptando que somos personas integrales y que si trabajar es una parte fundamental para sentirnos realizadas, productivas y bien con nosotras mismas, debemos dar cabida a ese rol en nuestras vidas.

Existen opciones que pueden facilitar esa posibilidad de engranar ambos mundos, como aceptar el apoyo de la pareja o familia para compartir algunas responsabilidades, conocer cuál es la posición de la organización a la que pertenecemos sobre el tema de maternidad y trabajo, ser sinceras con nuestros supervisores o jefes si tenemos que ajustar horarios o negociar en algún momento la realización de actividades desde casa… cada mamá identificará esas oportunidades que están a su alcance para integrar sus roles de forma eficiente y que estén adaptadas a sus realidades.

Gran parte de la motivación que tiene una madre para trabajar y generar ingresos económicos es la satisfacción de atender las necesidades de bienes o servicios que se generan en su hogar, especialmente las de sus hijos. Cuando una mamá trabaja y hace lo mejor que puede para cambiar el mundo desde su posición, transmite a sus hijos valores de constancia y esfuerzo a través de su ejemplo. Además, nuestros hijos se merecen una mamá integralmente feliz.

Ivory García

 

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