Erick Jacobs

Tener madre, hermanas o tías que hayan padecido cáncer de mama despierta angustia e inquietud en la mayoría de las mujeres. Por esta razón, los especialistas intentan descubrir mediante el estudio del ADN, si existe la posibilidad de poseer una predisposición genética a esta enfermedad.

La edición de agosto de Journal of Clinical Oncology dio a conocer el resultado de un estudio realizado con niñas de 11 a 19 años que poseían familiares que tenían o tienen cáncer de mama. El estudio reveló que las niñas que no poseían familiares con esta enfermedad se mantenían tranquilas, mientras que en comparación, las que atraviesan la experiencia sostenían un nivel elevado de angustia.

La Dra. Angela Bradbury, autora del estudio y profesora asistente de medicina en la Universidad de Pensilvania, sintetiza: “Las que más se angustian son aquellas cuyas madres están teniendo más problemas. Una de las mejores cosas que una madre puede hacer es atenderse y asegurarse de que esta canalizando sus propias ansiedades. A la larga eso ayudará más a la hija”.

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Por su parte, la experta en psicología del  Nicholas Children’s Hospital de EE.UU., Sara Rivero Cornil, dice: “Las niñas que tienen un historial familiar tienden a cuidarse mejor.”

La determinación idónea recae entonces en técnicas y estrategias para la prevención. A través de los exámenes de saliva, tejido o sangre se obtienen las pruebas genéticas, con la finalidad de investigar las modificaciones en los cromosomas (denominados mutaciones) o genes, según manifiesta el Instituto Nacional de Cáncer de los Estados Unidos.

La consejera genética certificada, especializada en oncología del Centro Integral de Cáncer Sylvester en la Universidad de Miami de EE.UU., Talia Donenberg, detalla que debido a mutaciones hereditarias monogenéticas surge el cáncer de mama.

“En la población general, una mujer tiene de un 10 a un 12 por ciento de posibilidades de desarrollar cáncer de seno durante su vida”, dice Donenberg. “En las portadoras de BRCA las posibilidades suben a entre un 60 y un 80 por ciento, dependiendo del estudio que usted lea. BRCA 1 y 2 se conocen como los genes de mayor riesgo”, precisa.

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Madres e hijas

Emma Ordóñez de 11 años, es hija de Gracy, quien fue diagnosticada con cáncer (una mastectomía doble con extirpación de los ganglios linfáticos y 33 rondas de radiación junto a cinco meses de quimioterapia fue resultado de este suceso que tildó su vida con tristeza y temor).

Para ambas, vivirlo y hablarlo implicó tacto y gallardía. “La primera vez que me dijo la palabra cirugía, me quedé en shock, me puse muy nerviosa y me dio miedo. No sabía lo que estaba pasando”, recuerda Emma. No obstante, Abigail, su hermana de 7 años, desconoce el hecho; está muy joven para comprender que ella en algún momento puede desarrollar la enfermedad que padeció su madre.

En Ordoñez, repercutió igualmente : “Fue lo más difícil que he tenido que hacer en mi vida”, dice. “Me preguntó si era cáncer y si perdería el pelo”, culmina.

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El Dr. Ziad Khatib, director de neuro-oncología del Nicholas Children’s Hospital, enfatizó: “Los sobrevivientes de cáncer infantil tiene una probabilidad de un 2 a un 5 por ciento de desarrollar en algún momento de su vida otro tipo de cáncer secundario. Los cánceres secundarios se desarrollan en una parte diferente del cuerpo y son un riesgo para todas aquellas personas que hayan sido tratadas con quimioterapia o radiación”.

Fuentes: elnuevoherald

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