Según un estudio publicado recientemente en The Journal of Pediatrics, los niños en edad preescolar, que se acuestan a dormir tarde, tienen el doble de riesgo de convertirse en adolescentes obesos.

La investigación fue realizada por científicos de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Estatal de Ohio, Columbus (Estados Unidos).

La directora del estudio, la doctora Sarah Anderson, señala que este hallazgo refuerza la importancia que tiene para los padres el establecimiento de una rutina para que sus hijos se vayan a la cama. «Se trata de una medida concreta que pueden adoptar las familias para reducir el riesgo de obesidad de sus hijos y que, probablemente, tenga efectos positivos tanto sobre su comportamiento como sobre su desarrollo social, emocional y cognitivo”.

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Foto. Alejandro Córdoba

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Adolescentes obesos

Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron los hábitos de sueño de 977 niños con una edad próxima a los 4,5 años. Luego evaluaron su índice de masa corporal (IMC) cuando ya habían llegado a la adolescencia.

En función de los hábitos de sueño de los participantes, los investigadores distinguieron entre tres horarios en los que los niños se iban a la cama: antes de las ocho de la noche, entre las ocho y las nueve, y más allá de las nueve.

Los resultados mostraron que solo un 10% de los adolescentes que se acostaban antes de las ocho de la tarde, cuando aún tenían una corta edad, acabaron desarrollando obesidad. Subió hasta un 16% en el caso de los adolescentes que, siendo pequeños, se iban a la cama entre las ocho y las nueve. Y ya en el caso de los que se acostaban tarde, mientras estaban en edad preescolar, el riesgo de obesidad se elevó hasta un 23%

Es decir, comparados frente a aquellos que se acuestan antes de las ocho, los menores de corta edad que se van a la cama más tarde de las nueve tienen más del doble de probabilidad de convertirse en adolescentes obesos.

Como concluye la doctora Anderson, “es cierto que el irse a la cama antes no asegura que el niño vaya a caer inmediatamente en un sueño profundo. Pero de la misma manera, el establecimiento de una rutina consistente a la hora de acostarse aumenta la probabilidad de que el niño duerma la cantidad de horas necesarias para llevar a cabo su mejor rendimiento”.

Fuente: The Journal of Pediatrics

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