La obesidad es un problema de salud pública; su prevalencia se ha incrementado de manera vertiginosa en el mundo occidental como consecuencia de los cambios en los hábitos alimenticios y en el estilo de vida. Está, íntimamente relacionada con la aparición de enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, diabetes y cáncer.

No se han dilucidado los mecanismos íntimos que explican las diferencias en el peso, entre individuos de la misma edad y género, con igual ingesta calórica y actividad física. No obstante, el descubrimiento de una hormona denominada Leptina, despierta el interés de la comunidad científica.

La Leptina se produce en el tejido graso y circula en la sangre, regulando la ingesta de alimento y el gasto energético metabólico por sus acciones directas  en centros nerviosos ubicados en el cerebro.

Los estudios realizados en animales demuestran que en la medida que se aumenta de peso, por el acúmulo de grasa, se incrementan los niveles de Leptina, lo que induce un aumento del metabolismo energético (gasto calórico) y supresión del apetito (saciedad), de esta manera, se reduce el tejido graso de depósito y el animal mantiene su peso ideal.

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En modelos experimentales de ratones genéticamente obesos, la concentración de Leptina es nula. Se ha identificado, la deficiencia parcial de esta hormona en un  5 a 10%  de seres humanos obesos, su administración exógena promueve la disminución de peso. Sin embargo, la respuesta esperada, no es satisfactoria en todos los casos, proponiéndose una resistencia o insensibilidad a la acción de la Leptina. Futuras investigaciones determinarán el uso de esta sustancia en el tratamiento de la obesidad.

El tratamiento de la obesidad debe iniciarse con la prevención: una alimentación adecuada en cantidad y calidad suficiente en calorías para cada individuo, complementando con un programa regular de ejercicios o deportes, facilitan el gasto del excedente de calorías consumidas.

Se mantiene así, un balance energético neutro y un peso ideal estable. Las disciplinas más útiles para ello son las aeróbicas: trote, ciclismo, maratón, natación, tenis. La caminata diaria, 30 a 60 minutos, garantiza gasto energético, evitando depósito de tejido graso, brindando un acondicionamiento físico cardiopulmonar efectivo. Además ayuda a liberar las tensiones producto del estrés cotidiano.

Nunca es tarde para comenzar, no se dé por vencido, salga de la vida sedentaria y la alimentación desproporcionada. Elija un deporte, practíquelo, o solo camine, y pronto notará grandes cambios. Su cuerpo se lo agradecerá.

Elías Miguel Chuki Rivas-01