Hasta hace poco, el principal riesgo de los tatuajes se producía por la poca higiene existente en los locales destinados para ello, además del material empleado. No obstante, la legislación actual de diversos países en este terreno, permite mitigar el riesgo de tatuarse y regulariza el trabajo de quienes se dedican a realizarlos.

España, por ejemplo, posee una normativa estricta respaldada en el Decreto 141/2010 con fecha de 27 de octubre donde se indica que los tatuadores deben estar vacunados contra enfermedades de transmisión sanguínea, utilizar guantes de un solo uso, esterilizar el material que empleará durante la sesión y desinfectar la piel antes de tatuarla.

Sin embargo, el problema central de los tatuajes estriba en la falta de una regulación clara sobre las sustancias empleadas para realizarlos. Por ejemplo, las tintas, en su mayoría, no han sido diseñadas para estar de forma permanente en contacto con la piel.

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Según una investigación de la Comisión Europea, 80% de los pigmentos utilizados para los tatuajes podrían causar reacciones alérgicas, principalmente los de color rojo, que tardarían años en manifestarse; mientras otros podrían derivar en sustancias cancerígenas.

La mayoría de los tintes empleados para producir un efecto brillante sobre los tatuajes contiene metales pesados como titanio, aluminio, cobre, plomo, entre otros, que pueden ser tóxicos sobre todo con la exposición al sol y a las radiaciones ultravioletas. Asimismo, el tinte puede ocultar lesiones graves en la piel.

Por otra parte, esta técnica no es recomendable para menores de edad, embarazadas, personas con trastornos de coagulación, quienes padezcan de dermatosis infecciosa activa o ante la existencia de antecedentes de cicatriz queloide.

riesgos de los tatuajes

Créditos: Pixabay

¿Qué se debe tomar en cuenta a la hora de tatuarse?

En primera instancia, acudir a un local que posea las medidas higiénicas adecuadas y seguir las indicaciones del profesional encargado de realizar el tatuaje.

Una vez realizado, se debe cubrir durante los dos primeros días con un papel plástico transparente que tendrá que quitarse cada cinco horas para lavar con agua la parte trabajada y jabón neutro. Posteriormente, se debe secar la piel con papel absorbente y volverla a cubrir con papel transparente.

Pasados tres días, se puede dejar la piel tatuada al descubierto y aplicar sobre ella una crema hidratante después de haberlo lavado de dos a cuatro veces al día durante las dos primeras semanas. En ese tiempo, es importante, además, no exponer la piel directamente al sol ni bañarse en la playa o en piscinas.

Durante las dos semanas de haberse realizado el tatuaje, la capa superficial de la piel se caerá debido a que se trata de una abrasión cutánea. Es importante, por ello, mantenerla hidratada.

Como un tatuaje es una herida que se realiza sobre la piel para realizar un dibujo, siempre existe el riesgo de que se pueda producir una infección, una irritación o una reacción alérgica.

Fuentes: DKV Salud y Seguros Médicos / Hospital Alemán

 

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