Vivimos en un mundo en donde el ajetreado estilo de vida, que incluye el tráfico, el cuidado de los niños (para aquellos que son padres); el trabajo, los estudios, el costo de la vida, entre otras cosas, representan un verdadero estrés en el día a día, y en varias ocasiones olvidamos tomar unos minutos de descanso y pensar en nosotros, en nuestra familia, en nuestra salud y en nuestro peso. Pues, se ha demostrado que el estrés influye hasta cuando queremos adelgazar.

Cada persona es un ser completamente distinto a otro. Tal como no todos reaccionamos de la misma manera cuando nos encontramos en una determinada situación, igual sucede con nuestro peso y el estrés.

La nutricionista clínico, Marisol Oropeza, del Centro de Estética y Nutrición, en Carora, estado Lara, sostiene que “algunas personas liberan su estrés consumiendo alimentos “recompensas” que en la mayoría de los casos es comida chatarra, alta en grasas saturadas y azúcares (helados, papas fritas, hamburguesas, pizza, refrescos, etc.), lo que les produce una sensación de bienestar; por lo tanto este tipo de personas tiende a subir de peso cuando está sometida constantemente a niveles altos de estrés”.

Sin embargo, hay personas a las cuales los altos niveles de estrés les hacen olvidar el consumo de alimentos, es decir, “el estrés hace que la persona olvide comer o no sienta la necesidad de ingerir alimentos. Estas personas son generalmente muy delgadas” asevera Oropeza.

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Dile no a los excesos

Científicamente, este fenómeno puede explicarse debido a que el estrés ocasiona que los niveles de cortisol (hormona que incrementa el azúcar en la sangre) aumenten y suprima el sistema inmunológico. Así lo señaló la profesional y puntualizó además que “al incrementarse los niveles de azúcar en sangre, se estimula también la producción de insulina, hormona que a su vez estimula el apetito”.

Para contrarrestar esta problemática y mejorar significativamente nuestra salud, lo primordial es incrementar la actividad física, con ejercicios aeróbicos, combinados con pesas, junto a una modificación de los hábitos alimenticios donde la ingesta de vegetales, frutas y alimentos altos en fibra como: granos y cereales integrales, estén presente en nuestro menú; sin olvidar el  “consumo de proteínas (carnes de corte magro, pescados y lácteos descremados), y reducir el consumo de grasas y azúcares, y muy importante,  respetar la cantidad de horas adecuadas de sueño 6-8 horas”, destacó la especialista.

Para la doctora Oropeza es de gran importancia evitar en momentos de estrés el consumo elevado de azúcar, ya que como dijimos anteriormente, el no controlar su ingesta, puede estimular la producción de insulina, que a su vez produce mayor sensación de hambre.  “Por otra parte se debe evitar el consumo de alimentos estimulantes como café, té, alcohol, bebidas gaseosas”, subrayó.

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Respira y tómate un minuto

Recordemos que no está demás tomarnos unos minutos al día para respirar profundo, realizar una actividad física que nos brinde placer y relajación como el yoga, el Pilates o el tai chi. Buscar conectarnos con nosotros mismos y olvidarnos por un instante de los problemas que quizás no podemos resolver de momento, pero de seguro si podemos trabajar el estrés y tratar en lo posible que este no nos afecte en la salud.

“El estrés provoca niveles de ansiedad incontrolable (no solamente por la comida, sino por el tabaco, alcohol, drogas, etc.). En casos extremos se debe considerar buscar la ayuda de un profesional (psicólogo o psiquiatra) o grupos de apoyo especializados” concluye la especialista.

La doctora Marisol Oropeza, puede ser contactada a través de su red social Instagram @estetica_y_nutricion o vía e-mail marisoloropeza41@hotmail.com

 

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