comida
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Si quiero que se me alegre el día, la semana y el mes, inmediatamente pienso en algún evento feliz de mi vida y en todos está presente una buena comida, una buena mesa, un buen compartir, entonces como ejercicio he decidido conectarme con toda la buena vibra, planificando en mi cabeza banquetes que celebran cada momento de la vida, mágicamente esto ha creado un efecto positivo en mi peso, ya que como,  desde el disfrute y no desde la ansiedad, que tantos estragos hace en nosotros, puedo pensar desde la entrada más sencilla, un chupito de cebollines salteados en salsa de tamarindo y soya, unos vegetales a la parrilla con aceite de oliva y cilantro, que me hacen entender que la vida puede ser vista desde la mirada más cálida sin necesidad de lujos, con el brillo que solo te puede dar una noche estrellada que no pide nada a cambio.

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En la sencillez he conseguido la riqueza que tantos buscaron en El Dorado, sin salmón, caviar o paté, he logrado vivir desde el disfrute de la gastronomía de casa, de mis raíces, sin quitarle valor a los alimentos antes mencionados, que son muy cotizados y no menos divinos, pero no son los únicos a la hora de enunciar comida de altura, esa cocina creativa es más valida hoy que nunca, en épocas de crisis es donde la inventiva se pone de manifiesto, es cuando abres tu nevera y solo tienes tres ingredientes, es cuando vuela nuestra imaginación, nuestras mezclas sensoriales, es el mismo proceso que sucede en la conquista del ser amado, movemos el mundo sin dinero y con un toque de originalidad hacemos sucumbir el corazón más duro, eso mismo sucede cuando queremos impactar con nuestra cocina a nuestros comensales, familia, seres amados, amistades o clientes, esta época es de renovación y se agradece una cocina desde lo simple, pero no menos que excelente y sabrosaaa.

preparaciones especiales
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Cuando una sardina o una morcilla, hacen gala en un menú de restaurante de altura, sabes que estás ante un proceso de reinvención que está llevando a nuestra sociedad a una búsqueda de sabores fuera de lo convencional y probablemente ha dado paso a platos que quedaran escritos en la historia de la gastronomía, por eso disfruto enormemente retar a mis alumnos con preparaciones que los saquen de su zona de confort, ha sido tal mi énfasis en este proceso que ya no existe una rama de la gastronomía que no me haya atrevido a probar con mezclas diversas, en la panadería, pastelería, bombonería, cocina caliente y ahora en la coctelería, mi primer coctel preparado en toda la vida, fue esta semana y tenía como destilado base: Ginebra, un sweet and sour: extracto de sardinas en salsa de tomate, con zumo de celery y limón, un jarabe de tamarindo y azúcar, todo esto en método agitado, realmente muy rico, gusto entre todos los asistentes y me confirmo una vez más que la única limitante es la que nosotros permitamos.

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Por eso siento que no existe una situación que pueda apagar mi buen ánimo, muy por el contario he aprendido en estos últimos años a trabajar dándole otra mirada y esto ha desencadenado oportunidades dentro de una crisis que también es momentánea, la cocina ha oxigenado mis razones para confirmar que voy en la vía correcta, una cocina que salió del pasticho tradicional y del pollo a la plancha, que jamás criticare, solo siento que todo evoluciona y la mejor forma de mantenerme en el ruedo es vivir en un proceso constante de creación, muéstrame un cocinero, futuro chef, enalteciendo una sardina y hacer un manjar de ella, que le despierte sensaciones a los comensales y me daré por satisfecho.

Seres pensantes que creen, evolucionen y que le den otro nivel a la gastronomía, como sencillamente lo hace todo los días una ama de casa, al inventar y crear el menú para una familia que no quiere dejar caer en la monotonía, esa lata de atún que paso a una versión de pastel de chucho improvisado que resulto ser toda una exquisitez, es allí donde nace todos los días la comida que alegra el alma, somos nosotros transmisores de ese virus y podemos hacerlo llegar a cualquier rincón, la comida no tiene fronteras de ningún tipo, solo debemos vivirla con todos los sentidos, desde una mirada sensorial, que haga mezclas en nuestro mente, que recree sonrisas en nuestros comensales antes de dar el primer bocado, que los envuelva en el misterio de un nombre creado para una preparación no antes vista y que robe miradas de asombro, así veo la cocina que enamora, la cocina que viene del corazón y alegra el alma.

Alexander López chef Ligerito

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