opioides
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El dolor es un problema médico común y se suele recurrir a los opioides para combatirlo porque son muy eficaces para aliviar el dolor durante un período corto de tiempo.  No obstante, conllevan riesgos importantes, incluido adicción y sobredosis.

Debido a la existencia de alternativas para los opioides, quienes necesiten aliviar el dolor deben considerar seriamente recurrir a alternativas no opioides, dentro de lo posible.

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Son analgésicos potentes y los que normalmente se recetan incluyen a la oxicodona, la morfina, la hidromorfona, la oximorfona, la hidrocodona, el fentanyl, la meperidina, la codeína y la metadona.

Estos medicamentos generalmente se emplean en los hospitales para combatir el dolor posterior a la cirugía o para aliviar el dolor después de un traumatismo.

Los opioides también pueden ser el tratamiento más eficaz para el dolor fuerte que no cesa, como aquel causado por el cáncer, y las aplicaciones de estos fármacos van en aumento.

En la última década, se han duplicado las prescripciones de opioides para el dolor crónico por causas distintas al cáncer.

En casos de dolor por cáncer, la probabilidad de volverse adicto con el transcurso del tiempo es baja; sin embargo, en muchas situaciones, la adicción y la sobredosis de esos medicamentos es un problema muy real.

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Sobredosis

La sobredosis de opioides desencadena un descenso en la presión arterial y la frecuencia respiratoria, aparte de conllevar el potencial de que se detenga la respiración y se suscite el coma. La sobredosis de opioides plantea un gran riesgo de muerte y según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, en Estados Unidos ocurren en realidad más fallecimientos por sobredosis relacionadas con los opioides que por sobredosis de heroína y cocaína combinadas.

Además de esos riesgos, el consumo de opioides por un período más allá de corto debe tomarse con cuidado, puesto que solo hay pocas pruebas respecto a que estos continúen siendo eficaces con el transcurso del tiempo para aliviar el dolor no debido al cáncer.

Las personas que sufren de dolor crónico y toman opioides normalmente necesitan dosis más altas para alcanzar el mismo nivel de control, lo que conduce a mayor riesgo de dependencia, adicción, sobredosis y menor calidad de vida.

Algunas investigaciones también han demostrado que el consumo prolongado de opioides puede, en realidad, hacer a la persona más sensible al dolor, afección conocida como hiperalgesia inducida por los opioides.

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Otras opciones

Para controlar el dolor crónico, existe una gama de alternativas a los opioides, la cual incluye a los analgésicos que no contienen opioides (el acetaminofén o el naproxeno sódico) y los antiinflamatorios no esteroides (la aspirina y el ibuprofeno).

Por otro lado, la fisioterapia y la terapia ocupacional, el control del estrés, las técnicas de relajación, la acupuntura y la biorretroalimentación también han demostrado ejercer un efecto positivo sobre el dolor crónico. Incorporar la terapia cognitivo conductual, en la que los terapeutas trabajan con el paciente para enseñarle maneras más eficaces y positivas de lidiar con el dolor crónico, ha demostrado ser igualmente útil para afrontar el dolor.

Muchas organizaciones de salud, Mayo Clinic entre ellas, ofrecen programas de rehabilitación del dolor para ayudar a la gente a reducirlos gradualmente y simultáneamente aprender sobre ellos y acerca de otras técnicas para controlar el dolor.

Los métodos sin opioides para controlar el dolor crónico no solamente eliminan el riesgo de adicción y sobredosis, sino que, en muchos casos, también alivian mejor el dolor y por más tiempo, lo que permite a las personas mantener una calidad de vida superior a la que sería posible con estos medicamentos.

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