“En tiempos de adversidad hay quienes se ahogan con los problemas y quienes aprenden a flotar» 

¿Cómo hacer para mantenernos a flote en momentos como estos? ¿Solitos como nos enseñaron de chiquitos? ¿Existen salvavidas en los cuales podemos descargar nuestro esfuerzo? ¿Hay restos o maderos de los cuales sostenerse?

Suponiendo que podemos respirar hondo y salir airosos del ahogo… ¿Se animan a mantenerse a flote? ¿Desean cargarse de optimismo para poder sobrellevar la crisis y sobrevivir?

Una crisis está representada por un conjunto de problemas que pueden convertirse en situaciones que nos lleven a involucionar o por el contrario a decantar en grandes oportunidades para generar cambios positivos. Y creo que en momentos como estos los venezolanos deberíamos analizar todo los errores que nos trajeron hasta aquí, como individuos y como colectivo, para poder producir los cambios necesarios que conduzcan a la construcción de la Venezuela que nos merecemos.

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Foto referencial

Si vemos el vaso medio lleno, y nos centramos en el aquí y en el ahora plenamente (Mindfullnes) podríamos atravesar las actuales circunstancias, asumiendo que se trata del chance para modificar actitudes y situaciones, más por lo tanto, puede constituir un trampolín hacia lo positivo. Y sé que voy a resultarles quizás demasiado ingenua, pero si nos situamos precisamente en este lugar de la montaña para ver el valle, son innumerables las circunstancias, externas e internas, que nos permitirían sentirnos mejor, es decir, vitales y dispuestos a crear para trascender.

Insisto, depende de cómo decidamos afrontar los hechos en el día a día. A mí me cuesta un montón seguir adelante, como a todos. Por ejemplo, justo en este instante en el cual escribo estas líneas me siento desesperanzada y preguntándome ¿qué más tiene que suceder en Venezuela para que se dé un gran cambio de conciencia que nos conduzca a la transformación y al desarrollo?

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Y es precisamente en estas horas de agobio, cuando nos debemos tomar un espacio mental para la reflexión y así encontrarnos con los argumentos “justos” que nos permitan llenarnos de fuerzas para volver a salir a hacer lo propio por nosotros, por nuestra familia y por nuestro país.

En nuestros espacios reflexivos, insisto en el aquí y en el ahora, uno de los aspectos a tener presente es que atravesamos, en menor o mayor grado, según el país que habitamos, una crisis global a nivel espiritual, ético, social y económico. El mundo para mí se está sacudiendo y lo hace más fuerte de lo que podemos entender e incluso tolerar. Terrorismo, extremismo ideológico y otros horrores que por los costos históricos que han representado y por nuestro crecimiento espiritual ya debieron haberse superado. Se trata para mí de una “amnesia colectiva”. Un olvido que debemos vencer para poder avanzar y una convulsión que solo podremos revertir en la medida que pequeñas voluntades se sumen para comenzar una nueva forma de SER y HACER. Venezuela tiene que nacer de nuevo en la manera de SER y HACER. Es tiempo de PARIR un mejor país, con los dolores de parto que ello exija.

Venezuela

Foto Agencia EFE / Ernesto Arias

Las pausas mentales son necesarias para mitigar los efectos del estrés que representa un parto, ya que este mecanismo que a veces puede resultar útil para activarnos en las emergencias, si se hace cotidiano, puede agotar nuestras reservas de energía, socavar nuestra salud y acortar incluso nuestra vida, haciéndonos vulnerables a la ansiedad, la depresión y la enfermedad.

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Esta semana que pasó me sentí así y eso no podemos permitirlo. Mediten, hagan yoga, ejercítese, vea una película agradable, recuerde en familia momentos gratos, que se yo, pero entiendan que es necesario desenchufarse aunque sea medio día a la semana para poder energizarse y seguir en la lucha, sino se volverán locos e incompetentes no solo para Uds., sino también para los suyos y el país.

Vivan el aquí y el ahora a plenitud, conectados y en atención plena del presente, es decir, haciendo uso del mindfulness.

Esta MANERA de SER Y HACER, nos debería dotar de la capacidad de observar los pensamientos y sentimientos tanto propios como ajenos, desde la distancia, sin juzgar si son buenos o malos.

El texto original puedes leerlo en Caraota Digital 

María Laura Garcia

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