La ira, al igual que el estrés, afecta severamente la salud cuando se produce repetitivamente. Y al decir la salud, nos referimos no solo a lo orgánico, sino a lo emocional. Por ende, controlar la ira y canalizarla adecuadamente es necesario para mejorar la calidad de vida y las posibilidades de relacionarnos con nuestro entorno.

El psicólogo español, Bertrand Regader, director del sitio web Psicología y Mente, ha escrito un excelente texto al respecto. Hoy tomamos de él, sus recomendaciones para controlar la ira.

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rabia

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Tomar conciencia de las causas que nos llevan a un estado de ira es un gran paso para avanzar hacia una buena gestión de nuestros enfados, dice Regader.

Por ende, aprender a controlar la ira pasa por aprender a racionalizar algunas emociones e impulsos irracionales y relativizar las reacciones que nos produzcan algunos eventos de la vida.

Si bien uno de los factores claves en el manejo de la ira es el autocontrol, las siguientes dinámicas pueden ayudar a prevenir la ira:

1. No acumular ira sino gestionarla adecuadamente

Cuando algo injusto sucede y no reaccionamos, vamos acumulando ira y enfado. Tarde o temprano, todo este enojo que vamos guardando estallará y puede dar lugar a un episodio de violencia verbal y/o física. Por tanto, es importante afrontar los problemas con asertividad y control.

acumular la ira

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2. Evitar la mentalidad de ganador/perdedor

En muchas ocasiones, nos enfadamos como reacción a la frustración de no haber logrado algunos objetivos que nos planteábamos, o cuando algo no ha salido tal como esperábamos. En estos casos, la empatía es el rasgo distintivo entre aquellos que saben gestionar la frustración, controlar la ira y aceptar las contrariedades con deportividad. Debemos evitar plantear las relaciones interpersonales como un juego en que se gana o se pierde.

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controlar la ira

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3. Reflexionar acerca de las causas y las consecuencias de nuestra irascibilidad

Pensar en ello y analizar si nuestra reacción emocional es realmente justificada nos puede ayudar. Muchas veces no pensamos por qué estallamos en un arrebato de ira, por ejemplo cuando conducimos un coche y reaccionamos instantáneamente insultando o haciendo gestos a otros conductores cuando hacen algo incorrecto. En ese momento sería vital meditar sobre el porqué reaccionamos de este modo: ¿has pensado en las posibles consecuencias de tener un episodio de ira mientras estás conduciendo?

4. Descansar lo suficiente

Cuando estamos agotados física o mentalmente, nuestras reacciones de ira y los impulsos agresivos son más frecuentes y tenemos menos herramientas para gestionarlos. Por este motivo es necesario descansar y dormir las horas necesarias: tanto en el plano cuantitativo (dormir mínimo 8 horas) como en lo cualitativo (descansar bien).

 

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