Las pautas culturales han determinado que ser delgado es sinónimo de éxito social. Los seres humanos estamos sometidos a intensas y profundas presiones, a través de los diversos medios de comunicación, para cambiar nuestra figura corporal, impulsados por el deseo de imitar a modelos y personajes mediáticos. Existe una identificación cultural entre la delgadez, la competencia y la eficacia; y peor aún, en todos los niveles de desarrollo de la persona se margina la gordura.

Ahora bien… ¿por qué no se habla de peso saludable o de imagen saludable? ¿O por qué no se fomenta la popularidad de los hábitos que nos mantendrán sanos física y mentalmente? En fin… ¿por qué no se persigue la belleza integral?

Lo terrible de dicha presión por la “imagen perfecta” son los trastornos de conducta que con el tiempo generan en personas con baja autoestima y con hogares disfuncionales, en los cuales la psiquis se afecta sobre todo por escasez afectiva. Entre estos trastornos están: la anorexia, la bulimia y la alcolexia.

Tristemente, créanme que hay muchos más a nivel orgánico o mental, pero son tantos, que hoy solo me voy a limitar a estos tres. Ahora bien, estas irregularidades en el manejo del alimento y el peso corporal no son graves per se, sino por las enfermedades y problemas de salud que con el tiempo provocan en el afectado; pudiendo incluso, llevarlos a la muerte.

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Trastornos alimenticios y redes sociales

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La anorexia y la bulimia, son sin duda, un fenómeno social lamentable y cada vez más común, tanto que han dado paso a novedosos desórdenes alimenticios como por ejemplo, la alcolexia, consistente en ingerir grandes cantidades de alcohol y otros sustancias (drogas) para suplir la necesidad de alimento, que produce un grado alto de desnutrición y pérdida de peso por fomentar vómitos que inhiben la absorción de los pocos nutrientes que se consumen. Las personas que la padecen no comen, sometiéndose a una abstinencia alimenticia voluntaria, realizan un atracón y posteriormente se inducen el vómito, o el mismo abuso bebidas alcohólicas se los provoca.

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En consecuencia, la alcolexia se puede considerar una trilogía de terror, pues representa la combinación de anorexia, bulimia, alcohol y otras drogas que en su mayoría afecta a adolescentes y jóvenes adultos, entre 15 y 30 años.

La alcolexia, la bulimia y la anorexia pueden considerarse como síndromes asociados a la modernidad y a la falla del individuo en su adaptación al medio social, carencia que intenta ser compensada mediante una serie de comportamientos patológicos vinculados a la alimentación y a una preocupación excesiva por el propio cuerpo.

Ahora bien y sin duda, cabe aquí insistir que son trastornos a los que siempre se llega por el camino de la dieta. Aunque no se tienen datos exactos sobre el grado de incidencia de dichos desórdenes alimenticios, la Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que la mortalidad global que generan es de un 15 por ciento y que los afectados son en un 95 por ciento féminas.

de la obesidad a la anorexia

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Entrando en detalles

La bulimia se caracteriza por la ingesta exagerada de alimentos en breves tiempos, seguida de conductas anormales para evitar absorber las calorías de la hiper ingesta, como por ejemplo: los vómitos autoinducidos, el ejercicio físico enérgico, ayuno, abuso de laxantes y diuréticos. Mientras que la anorexia se caracteriza por la negación a ingerir alimentos, que deriva en una notoria pérdida de peso, asociada a un temor exagerado a la gordura, pues se percibe distorsionada la propia imagen corporal.

Es fundamental poder enviar mensajes a la sociedad y sobre todo a los adolescentes para romper con ese tipo de estereotipos sociales que los presionan y empujan a la adquisición de conductas insanas que pueden acabar en enfermedades severas, comportamientos erróneos que no se limitan a lo relacionado con el alimento, lamentablemente, por lo que es vital comenzar a hablar por todas las vías posibles de lo que es belleza integral.

Es importante retomar… la belleza integral

Existe una belleza, “un no sé qué”, que es la específicamente personal y a la que llamamos belleza integral porque resulta de la forma en cómo asumimos individualmente: lo físico, lo psíquico y lo espiritual.

De ahí que la belleza integral reclame necesariamente la creación personal, es decir, la belleza que alguien “se saca de dentro” y a la cual responde con su actitud y temple ético, pero también mediante variedad de herramientas propias de la modernidad, muy específicas creadas para resaltar nuestro ser e imagen desde todo punto de vista.

Podemos decir pues, que es la belleza con rostro de la cual somos absolutamente responsables.

belleza

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La belleza integral debe vivirse espiritualmente y manifestarse corporalmente. Para ello requiere el concurso, entre otras cosas, de las artes de la intimidad: arreglo personal, cortesía, vestido, diseño, ornamentación, cultivo del alma a través de la adquisición de aquello que nos identifique del mundo cultural; pues todas estas prácticas inventan y modulan nuestra convivencia con el mundo.

La belleza no puede empezar por el exterior, la belleza real, duradera y auténtica empieza en el interior, un cuerpo puede tener las medidas “perfectas” sin embargo no significa que esa persona se vea bien, ya que el vernos bien depende de algo más que una talla de ropa, o un color de cabello.

La salud es algo que como el dinero y el amor, no se pueden ocultar, saltan a la vista y es ahí en donde empieza nuestra belleza, un cuerpo sano se verá reflejado en cuerpo armonioso a su estatura y su complexión, a su edad y a su género, el tener más de 40 años no significa que tenemos que vernos mal o descuidar nuestra salud, pero cada uno tiene la talla, la estatura perfecta, solo faltan 2 cosas para reflejarlo: aceptarnos y darle a nuestro cuerpo lo que necesita para se vea radiante más se mantenga saludable.

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No podemos exigirle a nuestro cuerpo que se vea bien, si nosotros no le estamos dando lo mínimo para que nos pueda responder en nuestras exigencias, la belleza que viene de estar sano, es algo que durará con el paso de los años, y eso no significa que no envejeceremos, pero si haremos que el proceso de envejecimiento se haga más lento, además de que tendremos una mejor calidad de vida.

Abandonen la costumbre de perseguir sueños de imagen que no son reales y que pertenecen a la genética individual de los seres humanos que protagonizan los diversos espacios de los medios de comunicación y que además tienen una edad que no se corresponde con la nuestra, ya que por ejemplo: esa modelo de cuerpo escultural sin un gramo de celulitis y flacidez, debe tener 17 años, debe ser descendiente “esquimales” cuya alimentación está basada en pura proteína de pescado y por si fuera poco el fotoshop delineó a la perfección.

Amigos y amigas, ninguna herramienta terapéutica o del mundo de la estética, va a lograr algo positivo en nuestra imagen, sino se aplica de forma sensata y no abusiva, si no asumimos una vida equilibrada y sin excesos, es decir, comiendo sano y plenos de actividad física regular; y más aún si nuestro espíritu no es feliz viviendo así.

Este texto fue publicado originalmente en Caraota Digital 

María Laura Garcia

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