Katiuska Piñero es una mujer de 35 años de edad. Está soltera y proviene de La Victoria, estado Aragua. Trabaja actualmente como gerente en una zapatería y hace dos años, el destino le dio un giro a su vida de 180 grados, atravesando quizás, por todas las emociones: miedo, rabia, dudas, tristeza, alegría, felicidad y hasta risas; pues hoy afirma haber superado y vencido al cáncer de mama.

Una mañana de agosto de 2015, mientras Katiuska se veía al espejo, notó algo extraño debajo de su pezón izquierdo. Se trataba de un hundimiento pequeño. Algo sorpresivo para ella, pues aseguraba conocer bien su cuerpo.







Sin dudarlo, examinó la zona con sus dedos y sintió una bolita, por lo que asistió de inmediato a su ginecóloga.

“Me hizo un eco y me mandó antioxidantes y vitamina E por un mes porque era un nódulo muy chiquito y podía desaparecer”, expresó.

Un mes después, el nódulo seguía ahí, por lo que fue referida a un mastólogo, quien le realizó una serie de exámenes para determinar con exactitud de qué se trataba. El resultado del mismo indicó que se trataba de un tumorcito benigno, que debía ser operado cuanto antes.

cáncer de mama

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Detrás de esa masa, algo sospechoso

“El 26 de enero me operaron. Yo estaba tranquila. Era sólo sacar un quiste benigno. Pero al salir de la operación el doctor habló conmigo y mi familia, informándonos algo muy particular. Detrás del quiste había una masa más pequeña que no se había visto en los estudios y era sospechosa”, relató.

Aseguró que el doctor trató de sacar toda esa masita para realizarle otra biopsia. Piñero contó que para ese momento las alarmas para ella ya estaban encendidas. Pero debía mantener la calma y esperar que pasaran tres semanas para develar qué era lo que ocurría en su cuerpo y su seno.

“Cuando fui a buscar el resultado, el doctor me dio la mala noticia. La masa detrás del quiste benigno era un tumor cancerígeno”, expresó Katiuska.

Aunque aseveró que físicamente se sentía bien pero, emocionalmente estaba “en shock”.

cáncer de mama

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Cuando el mastólogo le confirmó que lo que tenía detrás del pezón era cáncer de mama, cuenta que lloró.  Sentí mucho susto al momento”, dijo.  Pero a pesar de este temor, decidió calmarse y enfrentar esta batalla, por lo que se preguntó: “tengo cáncer ¿Y ahora qué?”.

Katiuska esperó las recomendaciones  y las directrices del especialista. Fue referida a “una excelente oncóloga”. Luego de eso, hablarlo con su familia fue  “algo muy duro”.

Katiuska desde un principio siempre tuvo en mente que iba a superar el cáncer de mama. “Tuve una actitud muy positiva y Dios me mantuvo así durante todo el proceso. Mi fe se fortalecía cada día más”.

Sin embargo, comentó que fue un proceso bastante largo y difícil, sobre todo, por la crisis sanitaria que atraviesan todos los centros hospitalarios, la falta de reactivos y las máquinas dañadas.

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Inicio de las quimios

Una segunda operación “larga y completa” llegó el 24 de mayo de 2016. En esa intervención le extirparon todo el seno izquierdo y los ganglios. La metástasis, también había llegado.

“La recuperación fue bastante delicada. Las quimioterapias fueron cuatro sesiones fuertes con una frecuencia de cada 21 días. Ya para la segunda perdí toda mi hermosa cabellera, después de esas cuatro, vinieron 12 quimios más; y esta vez, todas las semanas. Cada lunes debía hacerme exámenes de sangre y los miércoles dosis de sanación con mis quimioterapias. Y luego de eso, para finalizar las radioterapias a diario”, contó Piñero.

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Katiuska dijo que nunca trató su enfermedad como un tema tabú, por lo que siempre recibió el apoyo de sus familias y amigos más cercanos.

Agregó que aunque en su familia no había antecedentes de cáncer de mama, para el momento en que fue diagnosticada, la suegra de su hermano estaba superando este mismo padecimiento. Esto fue “un punto a favor” ya que no estaban en cero, dijo. Asimismo, indicó que esta enfermedad es más llevadera cuando tienes gente muy especial y amada a tu alrededor”.

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Sus ganas de vivir se multiplicaron

Según cuenta Katiuska Piñero, su principal aliado sin duda alguna fue Dios. “Para él toda la gloria, ya que me dio la fe y la fortaleza para luchar con la enfermedad”.

Seguidamente, mi maravillosa familia, que siempre estuvo a mi lado apoyándola y consintiéndola.

“Mi luz fue mi sobrina hermosa Gaby que en ese momento tenía meses de nacida; y con una sonrisa de ella y cada caricia mis ganas de vivir se multiplicaban”, relató.

También agradeció a la suegra de su hermano, quien se convirtió en su segunda madre. “Ella me entendía a la perfección porque también había pasado por todo lo que yo estaba pasando”, dijo. Además de brindarle hogar en Caracas, ciudad donde se realizó todos los tratamientos.

De igual manera, reconoció el apoyo recibido de la fundación Aconvida que tiene como bandera conquistar la vida.

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Un gran aprendizaje

Katiuska aseveró que esta enfermedad, que ya venció, pues se encuentra en fase de mantenimiento por cinco años para evitar que regrese, le dejó valiosos aprendizajes:

“Aprendí a valorar todo, absolutamente todo. A agradecerle a Dios por cada día de vida, por cada sonrisa, por cada respiración. Mi Fe se fortaleció en un 1.000 %. Aprendí a cuidarme más, a quererme más. Aprendí que por muy dura que sea la prueba, si tenemos una actitud positiva es más sencillo llevarla”.

Expresó que su vida es otra después de la enfermedad. “Llevo mis días con menos estrés, más relajada, tratando de ayudar a quien pueda y dispuesta siempre a dar lo mejor de mí”.

Recomendó nunca perder la fe y ser optimistas. “El cáncer se alimenta de la depresión y el pesimismo. El cáncer de mama es una enfermedad muy fuerte pero, ustedes son muchísimo más fuerte y podrán salir adelante. En menos de lo que piensen estarán sanas. Hay que decretarlo”, finalizó Katiuska.

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