Por Stefany Colina 

Miedo, esa palabra tan pequeña de cinco letras y que a veces se funde en nuestro corazón y nos hace pasar penurias. ¿Cuántas veces no he sentido miedo que mamá me olvide? ¿Cuántas veces el miedo se ha apoderado de mí y ni me he dado cuenta? Me frena, me agobia y me deja sin aliento.

Esa palabra tan pequeñita que cuando cierro los ojos al dormir me hace pensar ¿Mañana me recordarás mamá?, ¿Sabe quién soy cuando le hablo?, ¿Recuerda mi nombre?

Son algunas preguntas que como cuidadora me pasan por la mente. Ya perdí cuántas veces he tenido miedo a que me olvide, a no recordar su voz cuando se vaya, y hoy quiero decir ¡YA BASTA! Un alto. Un alto a todos los temores. Un alto a un miedo que no pretendo seguir alimentando, porque como dice mi prima Mileika Marcano, coautora del libro de autoayuda Un regalo de Amor, el Perdón: “Ese miedo existe porque tú le has dado el poder”.

La vida se compone de emociones, el miedo es una de ellas, a veces la tengo como enemiga, pero otra vez la he utilizado como mi aliada, me he dado cuenta que se puede ser amiga del miedo y convertirlo en luz.

miedos

Y si en vez de ocupar la mente en cosas triste, lleno la mente de que puedo hacer para ser feliz. Imagen referencial

Lea también: Beneficios de reír y sonreír

El miedo significa dos cosas

¿Y de dónde viene ese miedo? Ese miedo nace cuando no puedo comprender qué dice mamá y debo armar las palabras. El miedo nace cuando sale sola y mi corazón late tan fuerte que pido a Dios que regrese sana y salva. Cuando a veces no recuerda quién soy y me desvanezco. ¿Cómo hago? A veces puede ser inevitable perder el miedo, pero eso significa dos cosas, algo por qué luchar y algo que perder. Perder el miedo, de allí es donde surge la valentía, esa otra palabra pequeñita pero poderosa, donde creo y siento ese poder de convertir el miedo en motor de senderos de entendimiento, comprensión y comienzo por creer en mí misma.

Es normal sentir miedo y más cuando se trata de que quien amas se pierde en la tierra de los olvidos. Es duro, sí. Es sumamente duro. Sin embargo, o me armo de valor y entendimiento, o muero siendo cobarde.

No es sencillo escribir estas palabras y decir: ¡sí! ¡sé valiente! ¡vamos! Es un constate proceso y aprendizaje que he tenido que trabajar desde hace algunos años. Siempre en algún momento de mi vida voy a tener miedo y en este proceso con mi madre voy a tenerlo presente; pero es cuando decido que no me domine ni se apodere de mis pensamientos y convierta mi mundo en un lugar oscuro. Es cuando decido romper con ese estigma y convertirlo en valentía, en luz, y recuerdo lo que dice mamá ¡¿Quién dijo miedo?! con voluntad y certeza de que no me robará más el sueño.

Lea también: Consejos para cuidadores de pacientes con Alzheimer

Cuando le digo te amo a mamá, cuando me abraza, cuando se ríe de alguna tontería que digo, cuando hace alguna acción generosa en la calle, saludar a un vecino con tanto afecto, sonrío en silencio y digo gracias, gracias Dios, el miedo no existe en el corazón en ese momento.

Pienso en cada cosa hermosa que hace mi mamá por mí aún con su avanzada enfermedad. Y saber que me ama… entiendo que ninguna enfermedad lo va cambiar. Eso me ayuda a no tener miedo. El amor se siente, no se olvida.

BITACORA- LOS MIEDOS

Vive, ama, perdona, sé agradecida y sé feliz. Imagen referencial

Vivir el presente ¡Es lo único seguro y verdadero!

A lo largo de estos siete años he entendido cómo la mayoría de los seres humanos se preocupa por el futuro. Yo soy una de esas. Por ese futuro adelantado que aún no sucede. Si bien es cierto eso de que forjamos en nuestro presente, lo que seremos mañana, pues en este caso es relativo. Hace tiempo que vengo pensando que la vida se ha convertido en un constante déjà vu ( los ya visto), donde Dios nos ha dado la oportunidad de regalarle un día maravilloso a mamá para que cuando recuerde así sean fragmentos, sean de alegría; y aunque tal vez yo solo lo recuerdo, puedo sonreír y dormir sabiendo que la hice feliz, que mañana puedo volverlo hacer algo diferente y ella con el mismo asombro y alegría como la primera vez.

Hay algo muy importante que me enseño mi prima Mileika: “aprovecha cada segundo con tu mamá, sus últimos días de lucidez y cuando llegue el momento, ella te lo agradecerá y tu estarás feliz”.

No existe amor más grande que el de una madre. Un amor incondicional. Es infinito. Mi mamá me enseño que si tu ser amado no fue lo suficiente amoroso, y existe dolor en tu corazón, es tiempo de perdonar, de dejar ese rencor, ese dolor y decirte a ti misma: No te culpo y te perdono. Y más allá de porque tenga una degeneración cognitiva, es porque con rencor no se puede vivir. Es un arma letal, que cuando dejes de sentirla estarás en paz.

Vive el presente porque es lo único certero además de la muerte. Sé valiente para amar. Eso me ha enseñado mi mamá. Si te encuentras en una de esas historias de olvidos, recuerda que el amor y la paciencia no están en una pastilla, sino en el corazón.

Hasta la próxima Bitácora de Una Cuidadora, con más experiencias y herramientas que te apoyarán en la tarea cuidar a tu ser amado. Recuerda visitarnos en nuestro canal YouTube para obtener más información.

Stefany Colina Bitacora de una cuidadora

Comenta y se parte de nuestra comunidad