¡Sí! Aunque sea difícil de creer, la depresión es un trastorno que también puede presentarse durante la infancia, pero que no se expresa tal como los adultos creemos.

Según algunos estudios epidemiológicos puede manifestarse en el 2 % de los niños y en el 4 % de los adolescentes, sin diferencia significativa según el sexo antes de la pubertad y con mayor frecuencia en las adolescentes del sexo femenino.

Existen factores de riesgo que considero importante recalcar: percepción de mal funcionamiento familiar, patologías mentales presentes en alguno de los padres (en niños de padres depresivos se habla de un incremento en la posibilidad de presentar algún trastorno afectivo comparado con otros trastornos psiquiátricos), en especial si es la madre la que lo padece, problemas en la escuela, rasgos específicos de personalidad, como ser muy tímidos.

Algunos estudios que indican que existe relación entre la depresión de los padres y la de sus hijos, parecen apuntar a que esto también afecta la relación entre ellos y el adecuado funcionamiento familiar, teniendo consecuencias en la crianza.

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¿Cómo se manifiesta?

Más allá de hacer un check list, quiero que estés atento a los siguientes posibles síntomas de que un niño pueda tener depresión:

• Sentirse tristes o parecer molestos e irritables (Este último más común en los niños y adolescentes)
• Mal apetito o cambio en el peso (Aumento o disminución)
• Falta de energía
• Pérdida del interés o agrado en actividades que antes si disfrutaba
• Se aburre fácilmente o pierden rápidamente el interes
• Piensa negativamente sobre sí mismo, se culpa

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• Trata de compartir poco con sus amigos y familiares
• Disminución de la concentración
• Pensamientos frecuentes de muerte
• Aumento de la actividad motora o disminución
• Disminución del rendimiento escolar

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No es extraño encontrar niños o adolescentes que en consulta sus padres señalan: “Irritabilidad”, “No hace caso”, “Siempre tiene mala cara”, “Me lleva la contraria por todo”, “Ya no quiere compartir con nosotros ni con sus amigos”, “Llora por todo”, que puede ser visto como conductas disruptivas y en realidad, detrás de estas conductas o descripciones de los padres, se encuentra un niño o un adolescente deprimido.

Quizás te pueda resultar claro notar que el niño necesita ayuda más allá de reproches, pero te comento que es más frecuente de lo que crees la sorpresa de los padres cuando conversamos sobre la posibilidad de que su hijo esté deprimido, ya que parece en algunos casos existir la tendencia de pensar que el niño o el adolescente tiene estas conductas “porque quiere”.

Mi mayor recomendación en este punto será que estés atento a que los estudios apuntan a que si bien existen factores neurofisiológicos, genéticos, también intervienen el estrés familiar y estresores ambientales.

Estar pendiente de tus hijos también implica estar pendiente del hogar y de ti misma/mismo. ¡No olvides a ninguno! Y trata de apuntar a la prevención primaria ¿Qué es esto? Intervenir y buscar la mejora familiar antes de que se presenten los síntomas y si ves algunos de ellos en tus hijos, no dudes en acudir donde un especialista.

Melissa Rosales

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