Por Grisel García 

La infidelidad acarrea dos razones principales: vivir a plenitud fantasías agresivas con pasión fuera de la cotidianidad y sufrir vacío tanto emocional como espiritual, de acuerdo a Jesús Linares, de 40 años, quien también apunta que no ser fiel resulta “excitante”. Siente mucha adrenalina cada vez que tiene un nuevo amorío; aunque conoce a cabalidad el peligro que implica, sus ganas de saciar el deseo sexual sobrepasan los riesgos. “Todo con tal de disfrutar mi vida al máximo y sin límites”.

Linares tiene una mujer que lo ama. Veinticinco años de matrimonio confirman que así es. Su esposa, hijo, demás familiares, amigos y colegas dibujan su figura encima de un pedestal. El buen trato, la constancia en los afectos, y el cumplimiento en cada compromiso que emana para sus seres queridos evidencian que “es el hombre perfecto”, pero la historia de su otro yo revela lo contrario. “Es el Don Juan que ama la infidelidad, no perdona una mujer”, cuenta “Lutti”, un compinche de aventuras que prefirió no decir su nombre.

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La infidelidad es un vendaval que se alienta por innumerables motivos. Foto: referencial

¿Excusas para practicar la infidelidad?

“Mi mujer era maravillosa; me seducía todos los días y a toda hora. No era necesario pedirle algo para que lo hiciera. A veces pensaba que era pitonisa porque que leía mi mente y me volvía loco en cuestión de segundos, me hacía todo lo que fantaseaba (…). Claro, en los primeros tres años, luego cambió mucho, mantenía la rutina y me aburrió (…). Siempre fui aventurero, prevaleció mi atracción por otras mujeres y, sin decirlo, ya estaba siendo polígamo. Amo a las mujeres y creo que me moría si dejara de sentir su belleza. Eso de la infidelidad es un tema que no me gusta hablar”, reza Daniel Montero, bibliotecólogo apasionado por las mujeres más poderosas de los cómics.

Desde el análisis de este comportamiento, el psicólogo clínico italiano Paolo Bello consideró que la infidelidad es un vendaval que se alienta por innumerables motivos.

“Cada caso es diferente porque los factores varían. A veces por expectativas incumplidas, rasgos de la personalidad, problemas de comunicación, o generalmente excusas para hacer lo que venga en gana”.

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Alega que “Chucho” sobresale como un individuo que busca la manera de elevar su autoestima y “sentirse macho” para robustecer su hombría, mientras Montero encara un proceso de desestabilización emocional-carnal y un punto de quiebre. Daniel Ruiz, ingeniero de profesión y escritor por afición, resulta otro infiel de la fila pero con “razones de peso”, a su juicio. “Mi exesposa me humillaba mañana, tarde y noche” debido a que duró al menos un año sin empleo. Entontes, “tanta presión me hartó. Decidí evitar la lealtad. No se la merecía tras tanto maltrato”.

Consecuencias 

Foto: referencial

El terapeuta destacó que “los cuernos” germinan riesgos emocionales y físicos.

“La infidelidad se asoma y conmociona. Aparecen sentimientos como depresión y agresividad; aparte que algunas personas, en un 60% aproximadamente, comienzan a perder el apetito y tienen problemas para dormir”, indica.

Explica que frente a la infidelidad florece, igualmente, el deseo de venganza. “He tenido pacientes que se escudan bajo la sombra de sus hijos. Pretende evitar el contacto entre la pareja y el hijo (…). Creen que tal posición será un daño para el infiel, pero el panorama es diferente; los jóvenes, y mayormente menores de edad, sufren trances de tristeza, soledad e impotencia”, enfatiza.

Sintetiza que hasta a los golpes llegan algunas personas en “plenas relaciones tóxicas” porque “la furia” y el “orgullo” los ciegan sin dejar un espacio para analizar la situación y canalizar vías en busca de posibles soluciones.

La infidelidad puede terminar convirtiéndose en una pesadilla que “condena a una cama de hospital” Foto: referencial

¿Hay más riesgos?

El especialista subraya que la infidelidad puede terminar convirtiéndose en una pesadilla que “condena a una cama de hospital”. Asegura que las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) están “a la vuelta de la esquina” por los ciudadanos inconsciente que sobreviven con una de estas patologías y “andan como si nada contagiando a otras personas”.

Manifiesta que, entre otros riesgos, los embarazos suelen ser razones que “amargan al vida” de quienes no han planificado ser padres.

Desde su percepción, todo ser humano debería pensar “muy bien” antes de poner en práctica la infidelidad. “En este momento es que surgen los papás agresivos e intolerantes: no querían tener hijos y por tenerlos por ‘error’ quieren tratarlos mal y hacer su vida miserable. Hay que aprender a tener conciencia”.

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La infidelidad no tiene ninguna gracia, solo puede atraer desgracias: es un secreto a voces que llega de último a los oídos del más afectado.

Agradecemos por su colaboración a los testimonios, del estado Zulia, y al experto Paolo Bello, quien puede ser contactado a través de su correo electrónico bellobellopsi@gmail.com, por la información brindada.

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