Pareciera que el mal de este siglo o era digital es que la mayoría están permanentemente pegados a un celular leyendo mensajes, sumergidos en las redes sociales absorbiendo toda clase de contenidos pero sobre todo información sobre una realidad que nos está literalmente diezmando, emocionalmente hablando, y esto no sólo nos roba energías sino también el tiempo para ser verdaderamente productivos, y  la posibilidad de ostentar salud mental.

Adicionalmente y para empeorar la situación, muchos se vuelven adictos a la información en general, ya sea recreacional o noticiosa, al punto que se tornan ansiosos más se angustian cuando no pueden consumir todo lo que les llega a sus dispositivos, a través de redes o correos, tal cual lo que le sucede con los adictos y que se denomina síndrome de abstinencia.

Muchos son los que apenas leen los titulares, porque es tanta la información que no pueden profundizar y por eso están siempre saltando de un tema a otro, y se preocupen porque aunque lo deseen les imposible leerlo todo.

¿Por qué adictos? Porque además de no poder dejar de devorar cuanta data reciben, siempre están conectados a una computadora, tableta o celular y no pueden dejar de leer o enviar mensajes. Se trata de una competencia consigo mismos muy demandante.

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Si se sienten identificados con todo lo que he descrito hasta ahora, es decir, reciben demasiados datos e información, tanta que a veces no saben cuál seleccionar o leer, seguramente están sufriendo de una “intoxicación mental”.

Por ejemplo, cuando no pueden leer un texto pausadamente, comienzan a saltar palabras y se llenan de ansiedad porque sienten que tienen mucho pendiente, al punto que, generalmente, no entienden lo que están leyendo por falta de foco queriéndolo abarcar todo.

Es terrible porque nos sentimos presionados a acceder a todo y no atinamos a escoger lo verdaderamente relevante, es decir, perdemos toda capacidad de discernimiento y queremos consumirlo todo.

El intoxicado mental se caracteriza por querer estar al día y no poder despegarse de los medios que le permiten acceder y compartir información. Pero debemos estar conscientes que querer acceder a toda la información limita nuestra capacidad para procesarla y comprenderla.

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Les recomiendo limitar los sitios a los que se suscriben o las cuentas que siguen en las distintas redes, pero también deben reducir las redes que usan. Insisto, no necesitan leerlo todo, sino tener información de calidad. Por eso, no confundan cantidad con calidad. Y mediten sobre toda la cantidad de cosas útiles que dejan de hacer por dejarse seducir por un dispositivo electrónico.

Estar todo el día conectados a decenas de fuentes puede confundirnos más que informarnos. La ansiedad por estar informado intoxica el espíritu ya que produce estrés y nos impide estar conectados con el aquí y el ahora, merma nuestro descanso; más por ultimo también puede afectar la salud por la sobreexposición al electromagnetismo de los dispositivos.

Busquen darse ratos de esparcimiento y disfrutar de las cosas pequeñas de la vida, como leer un libro, pasear o ver una película. No se alejen de sus afectos, ni de las valiosas oportunidades de comunicarse, cara a cara, con sus seres queridos o con alguien que aprecien.

Esta columna fue publicada originalmente en Caraota Digital

María Laura Garcia