La mayoría de las personas con sobrepeso sufren un proceso inflamatorio conocido como “inflamacion de bajo grado”, causa fundamental por la que se se padecen las enfermedades crónicas del adulto. “Esta inflamación va acompañada de un freno del metabolismo conocido como resistenceia a insulina y leptina”, explicó Miguel Ángel Peraita, médico especialista en biología y antienvejecimiento. “Esto genera que el organismo no sea capaz de utilizar la grasa como energía, solo como almacén para defenderse y sobrevivir”.

Los principales causantes de esta inflamación son el sedentarismo, el consumo de azúcar y edulcorantes. Los azúcares están concentrados de forma mayoritaria en harinas, dulces, pastas, tubérculos, semillas, pan, siropes de fructosa e, incluso, fruta.

Expresó también, que la inflación está presente como aditivo en muchos alimentos. “Es habitual que se mezclen el sabor dulce y salado, lo que hace que el producto resulte más apetitoso y enganche de tal forma que no se pueda dejar de comer y genere adicción. Basta con darle a un niño, o a un adulto, unas galletas compradas en un supermercado y observar cómo se puede llegar a comer el paquete entero, casi sin pestañear. Sin embargo, si se le ofrecen unas galletas de herbolario, seguro que comerá unas pocas y no insistirá con el mismo ímpetu en que se las compren como si se tratara de las del supermercado convencional”.

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Mayor ansiedad por lograr la sensación de apetito

Añade otro ejemplo con un gesto muy habitual entre los españoles: el café. “Si consumo café con azúcar, le da un sabor dulce de 10. Si, en vez de azúcar, le añado edulcorante, el sabor dulce es de cien. ¿Y qué ocurre, entonces? Que la información que le manda la boca al cerebro al recibir este dulzor hace que éste perciba el mensaje de que el individuo ha consumido una cantidad como si de un kilo y medio de miel se tratara. Ante esto, el cerebro da la orden al organismo de no quemar la grasa corporal porque ya se supone que tiene la energía que proviene de la miel, pero, al ir a buscarla, no la encontrará, ya que el edulcorante solo proporciona el sabor, no el combustible. Este hecho hace que el cerebro tenga mayor ansiedad por lograrlo e incremente la sensación de apetito”.

Peraita aseguró  que sus pacientes confiesan sentir mucha ansiedad por comer, “y es porque han picado este trampa”. “Sin duda, es preferible tomar azúcar a engañar al cuerpo con edulcorantes”. No obstante señaló que tras tres días de eliminar por completo el azúcar y los edulcorantes “es fácil no volver a acordarse de ellos ni necesitarlos”.

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Comentó que una molécula de glucosa proporciona 36 moléculas de energía, y una de grasa, 120 moléculas de energía. “El cerebro prefiere la grasa como combustible antes que la glucosa. Si el organismo aprende a usar la grasa como combustible habitual, el cerebro estará más despierto, con más energía… y más delgado”.

Para finalizar, precisó que si el cuerpo usa la grasa como combustible es para “llevar una alimentación adecuada y moderar la ingesta de azúcar en la dieta. Solo después de realizar ejercicio es recomendable su consumo para una correcta recuperación del organismo. También hay suplementos naturales que favorecen que el cuerpo utilice la grasa como combustible y se adelgace”, concluyó.

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Con Información de: www.abc.es

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