Estas tres últimas semanas me pasó algo particular que debo compartir con ustedes, como una reflexión, y es lo sencillo que termina siendo perder los hábitos saludables en la Venezuela que nos tocó vivir. Aunque no me lo crean, tengo casi un mes haciendo uno o dos días a la semana de ejercicio, y en los últimos 10 días, no he hecho NADA de NADA. Tampoco estoy respetando los horarios de comida, y cuando lo hago consumo energías en exceso. Mi ansiedad por el dulce se ha triplicado. Lo anterior, entre otros desórdenes, ha mermado mi calidad y cantidad de sueño que en los últimos 10 años ha sido estupenda.

Las causas del desapego de las que son mis costumbres y que hasta ahora, me permiten cultivar el amor propio son muchas, para comenzar: el agobio por tener que hacer mi trabajo habitual y el de los demás. Porque se fueron unos tantos o porque los que permanecen en el país, no están lo suficientemente formados, lo que a su vez implica tener que regalar más tiempo del que ya ocupaba a educar, de alguna manera, a la “generación de relevo”.

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Continuando con lo que me distrae, también está la ansiedad y la incertidumbre que me produce la falta de foco o concentración que te lleva a ser poco efectivo en la distribución del tiempo y me resta capacidad al momento de priorizar los pendientes en orden de importancia. Esto hace que se me acumulen dichos pendientes que me resulte una tarea titánica, dar el primer paso para la ejecución de una asignación que antes resolvía en un dos por tres. Sintetizando me cuesta “comenzar” la mayoría de las cosas.  Señores eso se llama “saboteo”.

estrés post traumático

Foto referencial

Me la paso ocupando un tiempo valiosísimo, que antes gastaba en “temas muy productivos”, resolviendo contratiempos y vicisitudes muy “propios de nuestra patética crisis”. Por ejemplo: En entrevistar o contratar personal para mi empresa (semanalmente); en despedidas de amigos y conocidos muy queridos. En conseguir comida (persiguiendo a los “inmorales” bachaqueros). En buscar fármacos (para propios y extraños) más productos, repuestos o servicios, es decir, en hallar gente competente que te haga trabajos de calidad (plomero, carpintero, técnico en computación). Por otra parte, visitar empresas relacionadas o con las cuales trabajas y tener que comenzar de cero, ya que cada vez que vas, el personal rota permanentemente. Como dirían los colombianos: Qué mamón!!!!!!!!! ¿Echar el cuento mil veces? Pues sí…. AGOTADORRRRRRR!!!! Todas las semanas estás en un continuo trabajar triple. Esto sin contar los minutos y hasta horas que dedicas a extrañar o añorar a los que no están y la Venezuela en la cual creciste.

Otra importante cantidad de horas, porque pueden ser horas, créanme, que pierdo al día se me van en quejarme de muchas cosas o escuchar las lamentaciones de los demás. Y lo peor, que siempre con justificada razón. Además, no hay conversación, en la que todos, no hablemos sobre lo caro que está cualquier cosa como consecuencia de la devastadora inflación.

“El modo sobrevivencia, consume el tiempo que antes destinaba a tener calidad de vida”. En fin es caótico, pero lo bueno es estar claro sobre cómo nos afecta y qué es lo que nos está frenando en llevar a cabo ese trabajo súper necesario que debemos realizar cotidianamente en pro de nuestro bienestar.

estrés post traumático

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Amigos, hoy más que nunca debemos cuidarnos porque, si nos enfermarnos, … ¿Cómo curarse en este país?. Por eso me declaro en emergencia y en ”MODO REESTRUCTURACION”.

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Toda esta reflexión la hago, porque detectando lo que me sabotea, puedo tratar de exigirme el tiempo para no descuidarme y por el otro, me permite detectar lo mal que me estoy comenzando a sentir: como les escribí hace unos párrafos atrás, no estoy durmiendo bien porque no estoy oxigenando mi cerebro con el ejercicio y además he estado alimentándome mal. Y entre más mal duermo en cantidad de horas (incluidos sueños estresantes), peor me siento físicamente. Estoy cada vez más cansada y menos ágil mentalmente. Es un círculo vicioso. Por otra parte, me están comenzando a doler la cabeza, los músculos de la mandíbula y la espalda. Es como exagerado el malestar que me causa el sedentarismo sumado al estrés. Pero lo peor, es esa incipiente depresión ante la ausencia de las endorfinas que me regala la actividad física.

Aunque sea en casa hay que activarse. Si no da chance de ir un gimnasio, o les resultan inaccesibles o les da miedo salir por la inseguridad, busquen la manera de hacerlo en su condominio o casa. Caminen mucho cerca de su casa o en el Parque del Este. Inviten a amigos para estar acompañados y además, con ello, se motiven. “El que necesite y quiere puede”.

Lo importante es no pasar más de 3 días sin entrenarse, porque entre más larga sea la pausa, más les costará reiniciar la rutina o más fácil será que la abandonen. Por eso, aunque sea subiendo unas escalera, varias veces, durante 45 minutos, actívense y muévanse, pues no hay excusas para justificar el no quererse. También, busquen relajarse, al menos, una hora el día. Traten de encontrar mucho apoyo emocional de gente positiva. Evadan las quejas propias más la gente que se lamente permanentemente, eso no quiere decir, no escuchar a nadie o servir de apoyo al prójimo, pero corte lo más rápido que pueda ese tipo de emoción y gente.

La vida que nos tocó es similar a correr un maratón, requiere de mucho esfuerzo, resistencia pero por sobre todo disciplina y perseverancia, si se cae, pues levántense una y otra vez, porque la meta es llegar, no el tiempo.

A mí me toca, comenzar otra vez, pero por primera vez en 15 años, me porto tan mal o estoy tan caótica en lo que respecta a mi inversión en el amor propio. Pero retirarme jamás, comenzaré una y otra vez, ¿y ustedes?

Esta columna fue publicada originalmente en Caraota Digital 

María Laura Garcia

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