En culturas como la nuestra, muy latinas, la salud mental aún no se ve como algo tan valioso de preservar en la práctica diaria. De manera tangible buscamos de diversas formas conservar el bienestar físico, por ejemplo, tratamos de comer más balanceado, muchos lo intentamos aunque nos cueste. También de hacer ejercicios e incluso hasta de descansar; pero qué tanto concienciamos el hecho de procurarnos un proceso de saneamiento mental, no sólo con el fin de estar equilibrados emocionalmente, sino también contribuir a lo primero, es decir, prevenir enfermedades orgánicas.

Evidentemente que muy poco, porque lo menos que se nos pasa por la cabeza es acudir a un especialista, cada cierto tiempo, para revisarnos internamente, evaluar nuestros procesos espirituales, más nuestro comportamiento y desenvolvimiento diario, con el firme propósito de establecer correctivos que den pie a un mejor vivir gracias al disfrute de un balance emocional. Es simple señores, comentando nuestras ansiedades, angustias, teniendo claro nuestras limitaciones y posibilidades, revisando nuestra conducta podemos tener siempre al día, nuestro saldo de seres humanos no perfectos, pero por qué no: sí, perfectibles.

¿Por qué escribo el inciso de “cada cierto tiempo”?, porque este es un esfuerzo que nunca acaba. Así como no termina la lucha contra la tentación de infringir una dieta balanceada o ante la flojera de ejercitarnos, que es permanente y así muchas más posibilidades que tenemos de ser débiles; igualmente el apoyo psicológico y nuestra revisión emocional debería ser periódica para conservar el equilibrio. Sobre todo en una Venezuela tan bizarra y decadente.

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Les confieso, a mi cada cierto tiempo, se me olvida este trabajo, pero la vida es sabia, y siempre suceden acontecimientos que te obligan a retomar lo aprendido. Gracias a Dios, a pesar de la intensidad de los obstáculos, actualmente me encuentro en un proceso de reestructuración  interno para mejorar como ser humano y volver a retomar el foco, es decir, sencillamente estoy restableciendo mis prioridades.

Les invito a hacerlo, pues esta es precisamente, otra de las tantas maneras de procurarnos calidad de vida y conservar tanto la salud mental como la física a lo largo del tiempo.

Este artículo se publicó originalmente en Caraota Digital 

María Laura Garcia