El trastorno bipolar es uno de los trastornos mentales más complejos y sigue siendo después de varios siglos de análisis de parte de los entendidos, un misterio para los psiquiatras.

Afecta el humor de muchos, sin distinción de raza o clase social, haciéndoles manifestar dos polos de la personalidad contrapuestos, ira, euforia y tristeza, de forma dramática y muchas veces alternados.

Es una enfermedad crónica que la padecerán de por vida y de manera recurrente, aquellos que la desarrollen y si bien, hasta ahora no tiene “cura”, sí existen medidas terapéuticas que pueden palear su sintomatología para permitirles una vida armónica y activa en lo social, lo lamentable es que en nuestro país acceder a estos fármacos es una tarea difícil y podría decir, que hasta imposible.

He hablado con muchos especialistas sobre esta patología mental, no sólo las diversas características que la tipifican, sino también cómo es posible manejarla con el esfuerzo del paciente y sus familiares. Entre ellos La Dra. Petra Aponte y el Dr. Luis Rafael Madrid que insisten en definirlo como un trastorno de las emociones donde el individuo pasa por estados que se enmarcan dentro de las manías en las que resaltan las manifestaciones eufóricas o de irritabilidad máxima, hasta los episodios o estados de hipomanía en los cuales lo común es la depresión. Se trata de una patología mental cíclica, crónica, recurrente y que requiere ser tratada permanentemente de la mano de un psiquiatra.

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Generalmente los pacientes consultan porque son llevados por familiares después que éste ha experimentado episodios o estados de mucha euforia o exacerbada irritabilidad, con ideas megalómanas, es decir, que se siente con grandes poderes, que cree que puede hacer grandes cosas, más manifiesta un pensamiento muy acelerado y habla en exceso más rápidamente.

Los familiares se percartan del problema, sobre todo en los inicios de esta enfermedad, durante los episodios maníacos; pero en otros casos hay personas que debutan con lo que sería el estado depresivo y cuando ocurre así, es más difícil establecer el diagnóstico de trastorno bipolar, puesto que la depresión por si sola es muy común.

Hay una vulnerabilidad genética en los que presentan y dan manifestaciones de bipolaridad. El individuo que nace y tiene dicha vulnerabilidad, al someterse a ciertos estresores del medio ambiente, desarrolla la patología. Se puede decir, que hay una alteración bioquímica en ellos que los llevan a expresar los mencionados cambios en el estado de ánimo.

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Padecimiento crónico que debe tratarse…

Como suele suceders en todas las enfermedades, físicas o mentales, y más si no se curan, el tratamiento se hace más fácil cuando el trastorno se diagnóstica tempranamente y se medica de inmediato al paciente, al mismo tiempo que en los bipolares es esencial comenzar la psicoeducación, sumada a una vida con hábitos saludables y ordenada en cuanto a horarios.

Lo terrible de la situación del paciente venezolano es que no cuenta con el tratamiento y por lo tanto esto significa no poder desenvolverse de manera normal. Por tanto, se verá afectada su capacidad social, laboral, y productiva. A la par, aumentará su riesgo de padecer enfermedades cerebrovasculares, infarto del miocardio, problemas metabólicos, cáncer y Alzheimer, entre otros problemas de salud. Lamentablemente estará limitado a una necesaria reclusión en casa, si los familiares pueden mantenerlo controlado, cosa que resulta muy difícil.

Y dado el panorama venezolano, vale una mención especial, la categoría de los pacientes denominados “cicladores rápidos o estados mixtos”, que son los que de un momento para otro cambian de ánimo, es decir, un día pueden estar deprimidos, otro pueden estar megalómanos, otros eufóricos pero con ideas de depresión, ya que estos son los casos precisamente difíciles de tratar, pues se les debe cambiar la medicación permanentemente, haciendo combinaciones de fármacos hasta llegar al tratamiento más idóneo según su estado.

Si el paciente bipolar, su familia o médicos no evitan la recurrencia de los episodios, el afectado transitará hacia su deterioro cognitivo, mermando su memoria, atención, concentración y orientación, además de desarrollar las dolencias físicas mencionadas.

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Recomendaciones finales…

Un paciente bipolar debe saber de qué se trata la enfermedad que padece, sobre todo cuáles son sus síntomas de alarma para que tenga conciencia sobre qué hacer ante ellos, ya que de un día para otro, su estado emocional puede variar y debe dilucidar bien las señales de las crisis para atenderlas a tiempo y de forma satisfactoria.

En relación a la alimentación de un paciente bipolar es importante señalar que no deberían consumir productos que estimulen o hiperactiven el   sistema nervioso central como por ejemplo el alcohol.

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María Laura Garcia