Son muchas las acciones en los que amamos que podemos catalogar como hechos deshonestos, traiciones o engaños, eso va a variar según los códigos de ética, paradigmas y creencias de cada quien, así como de la relación ante la cual estemos: de pareja, amistad, familiar o laboral. El tema en cuestión es lo dispuestos que estemos a perdonar para no cargar nuestro espíritu de resentimientos y rabia que sin duda enferma paulatinamente nuestra psiquis sino también nuestro cuerpo, proceso que encuentra su punto de inicio en la transformación de la bioquímica cerebral. ¿Quién puede dudar hoy día que el pensamiento negativo enferma? Y sé, que muchos además, llegados a este punto se preguntarán y … ¿Cómo se puede perdonar?

Amigos, el disculpar no significa justificar comportamientos improcedentes, como agresiones o malos tratos, como nos dice la coach @CarlaADeSanchez, que semanalmente me acompaña en A TU SALUD LA REVISTA. Tampoco implica dejarlo pasar todo, es decir, de no poner límites, de permitir que abusen de nuestra confianza, o que atenten contra nuestra integridad física, mental o emocional. Perdonar está estrechamente ligado una decisión individual de no guardar el agravio en el corazón y de estar dispuesto, a brindar a la otra persona y a la relación una nueva oportunidad. A veces se trata de borrar de nuestro espíritu la rabia que provoca la ofensa, aunque nos alejemos de la persona como medida protección que también es muy válido.

Entiéndase que lo que más nos perjudica es la emoción negativa.

Si decidimos perdonar…

Si nuestra postura es pasarle por encima a la ofensa y dejarla atrás, debemos considerar muchos aspectos:

El rencor es un sentimiento ultra fuerte que nos aleja del olvido y el perdón, más resquebraja o desgasta el alma, restándonos energía. Todos como humanos somos vulnerables, por tanto todos podemos cometer errores y engaños. Lo importante a valorar es la posición o el reconocimiento que de la situación hace el victimario o el que daña.

El perdonar es un acto de fe, se trata de reconocer que todos podemos cambiar. En lo sucesivo, si nuestra decisión es perdonar, es mandatorio no juzgar a partir solamente de lo sucedido, porque las experiencias, buenas y malas, pueden ir transformando para bien a los seres humanos, es decir, es muy probable que ocurra dicho cambio.

perdonar

Foto referencial

Ante la falla del prójimo, pregúntense si han tenido algo que ver en la misma, analizando si contribuyeron en algo a que ese comportamiento tuviese lugar.

Por otra parte, tengan en cuenta, que el perdón no es tal cuando simplemente se dice de la boca para afuera. Tiene que estar acompañado por el afecto, el amor y un comportamiento de aceptación para con el otro.

Lea también: ¿Depresión o Hipersomnia?

¿Quién dijo que es fácil perdonar?

Muchas veces no es fácil y en ocasiones toma tiempo, por tanto recuerden también incluir el perdonarse y amarse a sí mismos, para poder llegar a ser lo suficientemente amplios y generosos para aceptar a los demás con aquellos comportamientos que nos parecen errados.

Ahora bien, si en algún momento de mucho dolor no se sienten con la capacidad o las ganas de perdonar, tomen una pausa y dense el espacio para procesar la ofensa más tratar de ganar consciencia del porqué de ese dolor o rabia. La acción de disculpar, en muchos casos, puede ser posterior.

La mencionada toma de conciencia ayuda a sanar y recuperar la propia integridad, liberándonos del peso de las acciones del otro sobre nosotros, permitiéndonos estar listos para borrar el rencor.

Y deseo cerrar con lo siguiente: sin duda, perdonar es más liberador para el que perdona que para el perdonado; pues genera bienestar. Es importante saber que el perdón es tan poderoso como el amor.

María Laura Garcia

Este artículo fue publicado originalmente en Caraota Digital