Las adaptaciones fisiológicas o metabólicas que adquiere el feto en respuesta a un micro-ambiente influyen de manera permanente en las condiciones en las que el individuo se enfrentará a la vida extrauterina.

Relación entre obesidad materna y diabetes gestacional con el feto

Existen factores fetales y nutricionales que pueden programar al organismo y favorecer la acumulación de tejido adiposo, el escaso desarrollo del tejido muscular y las alteraciones cardiometabólicas que predisponen a la obesidad; entre  ellos tenemos la diabetes gestacional, preeclampsia, insuficiencia placentaria, hipertensión materna y sobrealimentación de la madre en el embarazo como factores de riesgo relacionados con el desarrollo de resistencia a la insulina, obesidad y diabetes mellitus en la vida postnatal. Las dos alteraciones fundamentales que intervienen en la programación fetal de la obesidad son el desarrollo del adiposito, y las vías neuroendocrinas que regulan el apetito y el gasto energético.

Los sujetos nacidos de madres con diabetes gestacional tienen mayor prevalencia de sobrepeso, obesidad, intolerancia a la glucosa, hiperfagia, desregulación de la secreción de insulina y resistencia a la acción de la misma, que son independientes de la susceptibilidad genética que pudiera tener el individuo.

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En una revisión publicada por Sanchez-Muniz del Departamento de Nutrición de la Universidad Complutense de Madrid, señala que los hábitos nutricionales deben estar fuertemente instaurados ya en la etapa pregestacional para asegurar una buena alimentación desde las primeras semanas del embarazo, y asegurar un desarrollo fetal y en particular pancreático que posibilite una homeostasis adecuada de la glucosa durante el embarazo y en etapas posteriores de la vida evitando, o al menos frenando, el desarrollo y la instauración de enfermedades degenerativas asociadas con el síndrome metabólico y la diabetes tipo 2.

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Relación entre restricción crecimiento intrauterino e hiperinsulinismo

En un estudio reportado por Levitt y col. en la revista médica Journal Clinic Endocrinology and Metabolism en el año 2000  señalan que  los sujetos con antecedente de restricción de crecimiento intrauterino (RCIU) mostraban mayor prevalencia de intolerancia a la glucosa y mayores niveles de presión arterial; manifestaban una respuesta exacerbada de cortisol que provoca en el feto disminución en la síntesis de factores de crecimiento, lo cual exacerba aún más el déficit ponderal. Los niveles elevados de cortisol, aún en etapa prenatal, son responsables de daño en el endotelio vascular, lo cual es un factor de riesgo cardiovascular importante en la vida adulta.

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Además,  el efecto contrarregulador de los glucocorticoides puede contribuir al desarrollo de resistencia a la insulina y otros componentes del síndrome metabólico, incluida la obesidad abdominal.

Efecto protector de la lactancia

Uno de los factores que más se ha estudiado en la programación nutricional es el efecto de la lactancia, y aunque los resultados son controversiales, es aceptado que debe favorecerse la alimentación con leche materna debido a los efectos benéficos a los que se relaciona, incluyendo la posible disminución del riesgo de obesidad.

La lactancia materna se ha asociado con otros efectos benéficos sobre la programación del riesgo metabólico y cardiovascular, como el observado en la disminución de la incidencia de diabetes mellitus tipo 2 en grupos de alto riesgo, o en la prevalencia de menores niveles de presión arterial en los pacientes adultos con el antecedente de prematuridad.

La lactancia materna, indudablemente tiene muchos beneficios para la salud de los niños, lo que justifica su promoción como método de alimentación. El primer año de vida es una etapa crítica de adquisición de conductas de alimentación que intervienen en la programación de apetito y saciedad. Algunos estudios han reportado que la introducción de alimentos sólidos a los cuatro meses de edad predice una mayor ganancia de peso a los cinco años de edad, secundaria a un mayor aporte energético.

Pareciera que la introducción temprana y abundante de jugos industrializados, además de frutas y cereales, condicionan una ganancia de peso excesiva, alterando los mecanismos hormonales y de saciedad que repercuten en forma negativa en los hábitos de alimentación en etapas futuras. Es importante también el trabajo en conjunto con ambos padres para lograr colaboración en adquirir hábitos de alimentación saludables.

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Recomendaciones para la alimentación en la infancia

Se sugiere promover la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y evitar durante el segundo semestre el exceso de alimentos altos en azúcar, carbohidratos y grasas. Tomar medidas preventivas que puedan ser accesiblemente aplicadas al núcleo familiar, ya que se requiere adoptar una conducta de alimentación saludable y promover la realización de actividad física cotidiana desde etapas tempranas de la vida.

En conclusión, recordemos que los hábitos de nutrición saludables deben instaurarse en la etapa preconcepcional, y las alteraciones metabólicas maternas pueden influir en la vida postnatal, al igual que la lactancia.

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Por. Dra. Peggi Piñango

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