La hipertensión arterial es un estado crónico degenerativo. Su evaluación conlleva una serie de procedimientos orientados a ubicar las condiciones de su predisposición, y en algunos casos patologías asociadas. Los puntos clave de la evaluación son el descubrimiento de las causas secundarias susceptibles de tratamiento y la determinación de daño a órganos blanco (corazón, pulmón, cerebro, riñón).

Es una enfermedad que con facilidad puede pasar inadvertida, ya que la mayoría de los pacientes no presenta síntoma alguno, de manera que en muchos sujetos se descubre en forma fortuita. Cuando hay síntomas presentes pueden deberse a la enfermedad productora (cuando la hipertensión es secundaria), a vasculopatía o al propio aumento de la presión arterial.

El instrumento esencial para la valoración del paciente hipertenso es la historia clínica; si se sospecha algún otro padecimiento son fundamentales también los exámenes paraclínicos. Un requisito del interrogatorio es investigar todos los antecedentes personales que se vinculen con el desarrollo de padecimientos cardiovasculares, así como la presencia de enfermedades degenerativas, endocrinas y renales que puedan predisponer a la hipertensión (entre ellas pielonefritis, traumatismos lumbares, enfermedad de Cushing, feocromocitoma y diabetes).

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Es importante saber sobre el uso de tabaco, la dieta y el consumo de alcohol. Asimismo, es esencial la búsqueda de alteraciones en laboratorios como ácido úrico, colesterol, triglicéridos, glicemia, transaminasas, creatinina y examen de orina en búsqueda de dislipidemias, diabetes mellitus, hepatopatía o nefropatía que induzcan hipertensión lo que contribuye a la elección del tratamiento adecuado, ya que algunos medicamentos pueden empeorar esas alteraciones.

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Los síntomas

Por lo general son inespecíficos. Entre los más frecuentes se encuentran dolor de cabeza, zumbidos en oídos, alteraciones visuales; en ocasiones se presentan mareo y debilidad. En situaciones de descontrol agudo puede haber sangrado nasal no traumático, orinas con sangre, dificultad respiratoria o dolor torácico; esta última puede deberse a la presencia de isquemia o infarto cardiaco al incrementar la demanda de oxigeno vinculada con aumento del trabajo cardiaco y de la presión de la pared. En algunas ocasiones se refieren alteraciones de los latidos del corazón, como palpitaciones o taquicardia.

Las pruebas básicas que deben efectuarse a cualquier paciente hipertenso son las encaminadas a valorar el estado renal y cardiaco, entre ellas se mencionan examen general de orina y electrocardiograma en reposo de 12 derivaciones.

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Una evaluación correcta ayuda a obtener mejor pronóstico, diagnóstico y tratamiento.

Dra. Angélica D. Pinto A.

Médico Internista

Apinto.internista@gmail.com