A la mayoría de los bebés –a todos, la verdad– le gusta que los duerman meciéndolos en brazos porque les recuerda el movimiento que tenían estando en la barriguita de su mamá y si bien es delicioso tenerlos acurrucados en nuestro regazo, esto se puede volver un dolor de cabeza a en un futuro.

Lógicamente, un bebé lo que más necesita es amor, el calor de sus papás, abuelos, tíos. No estoy diciendo que no se deba cargar ni consentir porque no dudo ni un segundo que un bebé nunca va a tener demasiado amor y para mí, el amor puede ir perfectamente de la mano de la disciplina.

Yo cargo a mi bebé cada vez que me provoca y cada vez que el me alza sus bracitos para pedir que lo alce. Lo consiento, estoy pendiente de él, también le dejo sus ratos solo, es un niño absolutamente feliz. Pero, el momento de dormir, siempre o casi siempre, termina la magia.

Mi bebé se acostumbró a dormirse en brazos, es decir, siempre se dormía mecido en brazos así estuviera tranquilo en su cuna. Hoy, ya con nueve meses, esto se ha vuelto una dolorosa rutina. Dolor en la espalda, dolor en brazos, dolor por escucharlo llorar cuando decidimos no dormirlo en brazos.

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Foto Cortesía

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Mi solución

Para días en los que Lucas solo quería estar en mis brazos, no solo para dormir sino para todo, con la mamitis a millón, el fular se convirtió en mi mejor amigo. También en el de mi esposo cuando trabajaba en casa.

El fular es una gran ayuda pues nos nivela el peso del bebé, haciendo que nuestra espalda y brazos descansen. Les aporta a nuestros chiquitos seguridad y el calorcito de nuestros regazo que los hace sentir tranquilos. Yo, en muchas ocasiones, incluso me quedaba dormida con él en el fular.

En este video les muestro cómo usarlo

Cuando cumplió cinco meses logré quitarle esta maña que nosotros mismos le habíamos profundizado. Poco a poco, en una semana, lo fuimos dejando por períodos de dos a diez minutos solo en la cuna (sin dejarlo llorar) hasta que al cabo de una semana lo habíamos logrado.

Lucas se dormía solito en su cuna, después de jugar, hablar en su maravilloso idioma y dar unas cuantas vueltas se quedaba profundo a las 8:30 de la noche aproximadamente por diez horas seguidas.

Pero, cumplió los ocho meses y todo este logro se esfumó. Tal vez se deba a la crisis de los ocho, que conlleva regresión en el sueño y una mamitis aguda, pues es la angustia de la separación, pero lo cierto es que ya cumplió nueve meses y esto parece empeorar cada vez más.

He intentado nuevamente acostumbrarlo a quedarse en su cuna solo hasta dormirse pero apenas lo suelto comienza a llorar a los gritos, algo que no hacía ni siquiera más pequeño.

¿Qué dicen los expertos?

Investigando y leyendo de todo, como madre primeriza que se respete, además de consultarle al pediatra, hay opiniones encontradas en este sentido. Existe médicos y psicoterapeutas que aseguran que los bebés no se acostumbran a los brazos pues ya vienen así desde la barriga, es una condición natural. Hay otros que afirman que si bien esto es cierto, también lo es la necesidad de enseñarle al bebé a dormirse solo, pues le genera autoconfianza, independencia, no se va a traumatizar por ello y está el resto del día para cargarlo y consentirlo.

Desde mi experiencia, puedo decir que mi hijo no estuvo ni traumatizado, ni se sintió menos amado, ni inseguro, ni infeliz los tres meses que duró durmiéndose solito en su cuna sin necesidad de mecerse en nuestros brazos. Lucas siempre ha sido un niño increíblemente feliz, risueño, de muy buen humor y puedo decir que hasta dormía mejor en esa época. Dormía más profundo, más horas y seguido.

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Foto Referencial

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Ahora, luego de que se le reactivó el gusto por los brazos para dormir ha sido difícil. Siento que a veces la hora de dormir se vuelve una tortura porque aunque tenga mucho sueño, sentirse lejos de nuestros brazos le genera cierta ansiedad que me angustia.

Mi pediatra me dice: paciencia. Es una etapa que pasará.

Sin embargo, como siempre digo, en la maternidad nada está escrito, nada es blanco y negro. Hay mamás a quienes este hábito les parece el mejor, existimos otras a las que no tanto, pero definitivamente será lo ideal lo que a cada una le funcione y a su bebé. Lo importante es que se sientan felices y plenos.

Por lo pronto, yo seguiré los consejos que siempre doy: paciencia y mucho amor que todo pasa. Tal vez algún día extrañaré estos momentos en los que solo se duerme en mis brazos.

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