La insulina es una hormona producida normalmente por las células beta del páncreas. Cuando dichas células (por cualquier razón) ya no la producen, ésta se administra de manera exógena vía parenteral y su principal uso es en el tratamiento de la diabetes mellitus donde tiene indicaciones formales, sin embargo, existen muchos mitos con respecto a su uso, por lo que vamos a revisar el origen y la realidad de tres de estos mitos que tanta confusión ocasionan:

La insulina ocasiona ceguera: ¡FALSO!

Este mito se origina en que gran parte de los pacientes con algún grado de retinopatía diabética se encuentran en tratamiento con insulina.

La retinopatía diabética es una complicación crónica de la diabetes mellitus, todo paciente con diabetes está en riesgo de desarrollarla si sus valores de glicemia no se mantienen controlados, generalmente cuando un paciente ha desarrollado complicaciones crónicas como ésta, ha ameritado o se encuentra en tratamiento con insulina, pero su uso NO ESTÁ relacionado con el desarrollo de ceguera, debe entenderse que lo que se relaciona con ésta es el mal control metabólico, es decir, niveles de glicemia persistentemente elevados que van a ocasionar daño microvascular a nivel ocular.

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Si su médico le indicó insulina, quiere decir que se encuentra en etapa terminal de la enfermedad: ¡FALSO!

El origen de este mito se relaciona un poco más con la práctica médica, donde antiguamente, la indicación formal de la insulina se reservaba para el final del protocolo de tratamiento de la diabetes, por ejemplo, el paciente con diabetes mellitus tipo 2 debía cumplir muchos esquemas de tratamientos (cambios de estilo de vida y medicamentos vía oral) y si ninguno de éstos funcionaba se indicaba insulina, esta situación originaba que pacientes que se beneficiaban de la insulina de manera temprana no la recibieran sino hasta cuando ya el compromiso metabólico era severo y existían incluso complicaciones.

La insulina actualmente tiene sus indicaciones muy precisas, por ejemplo, es el único tratamiento que existe para la diabetes tipo 1 y, algunos pacientes con diabetes tipo 2 pueden ameritar insulina en algún momento, incluso tan tempranamente como cuando se realiza el diagnóstico, pudiendo en ocasiones ser retirada más adelante.

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Si su médico le indicó insulina, EN NINGÚN MOMENTO quiere decir que usted. se encuentra en la fase terminal de la enfermedad (la cual no existe, por cierto) más bien, asegúrese de cumplirla, ya que esto prevendrá más complicaciones.

Si se inyecta insulina, se convertirá en adicto: ¡FALSO!

Este mito se origina dentro de la sociedad, donde por desconocimiento se le atañe a la insulina la capacidad de originar adicción relacionándola a la vía de administración (inyectada) o por la periodicidad de la misma (diaria o múltiples dosis al día).

La insulina es una hormona necesaria para la vida, cualquier déficit produce alteraciones metabólicas importantes, a mayor déficit, mayor riesgo; por lo tanto, su indicación está enfocada desde el punto de vista de REEMPLAZO HORMONAL, es decir, se busca reemplazar la hormona que por cualquier razón el páncreas dejó de producir.

Aunque hasta los momentos se ha intentado el desarrollo de insulinas innovadoras que permitirían un horario y una vía de administración más cómodos (cada 48-36 horas, por vía oral, inhalada, etc), éstas no han logrado demostrar mejores resultados que las insulinas de administración subcutánea diaria o de dosis múltiples al día.

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La insulina NO causa adicción y no existe ninguna base farmacológica para dicho mito.

Si usted tiene diabetes de cualquier tipo, posiblemente habrá escuchado o escuchará alguno de estos mitos, por lo que es importante hacer caso omiso a comentarios sin base científica o de fuentes poco confiables, debe escuchar las recomendaciones de su médico tratante y aunque sí existen riesgos relacionados al uso de la insulina, los beneficios superan con creces cualquiera de estos. Utilice su insulina según le recomendó su médico y no abandone el tratamiento sin consultarle a éste.

Dra. María Victoria Marcano Rojas.

Especialista en Medicina Interna

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